STANDARD & POOR’S REVISA LA CALIFICACIÓN DE RIESGO DE COLOMBIA


La Agencia calificadora decidió revisar de estable a negativo el Outlook de Colombia. A pesar de mantener los niveles de calificación estables para la deuda en moneda extranjera de largo plazo (BBB) y la de crédito en moneda local de largo plazo (BBB+), la principal razón para revisar el Outlook de estable a negativo se da como consecuencia de los riesgos que existen con respecto a un deterioro mayor en la posición externa de Colombia, principalmente en caso de que el Gobierno no logre ajustar las medidas necesarias para contener la ampliación del déficit fiscal. Los principales puntos que destaca el comunicado son:

1.      El efecto negativo de los menores precios del petróleo sobre la economía colombiana.

2.      Las menores perspectivas de crecimiento económico del país.

3.      El deterioro de la posición externa del país, con un déficit en cuenta corriente superior al 6% del PIB y un incremento sustancial en la deuda externa como porcentaje de las exportaciones.


4.      La agencia espera que el déficit fiscal de Colombia se amplíe más este año como consecuencia del menor crecimiento y de los menores precios del crudo, en línea con la regla fiscal, pero se cerraría producto de una restricción en el gasto y los ingresos adicionales esperados para el final del año.

ESTA CRISIS ES BUENA Y VA A BENEFICIAR AL MERCADO


Los bancos centrales se encuentran totalmente impotentes. Sí, el Banco Central Europeo (BCE) puede comprar bonos, pero sólo conseguirá desinflar más el asunto. Creemos que esta semana puede pasar a la historia financiera como la semana en la que murió la planificación del banco central - la versión en 2016 de la caída del muro de Berlín. La Fed, el Banco de Japón, el BCE, todos han sido pesimistas, pero en vano.

Este puede ser el final del ciclo de la deuda (y la planificación de los bancos centrales) o una crisis profunda que conduzca a una ronda más de "alargar y disimular". Las acciones de los mercados emergentes podrían perder otro 25% fácilmente, y el petróleo podría caer a 20 dólares por barril, si no a 15 dólares.

El escenario está más revuelto que nunca. El estrés financiero está entrando ahora en "territorio de principios de Lehman''. El rendimiento del bono a 10 años de Portugal está ahora más elevado que durante el tiempo de la Troika (> 4,5%). Italia tenía 400.000 millones de euros en prestamos no cobrados (a punto de mora) antes de esta mini crisis y un mercado de bonos en propiedad de los pensionistas. Las condiciones macroeconómicas se están poniendo cada vez peor, en vez de ir a mejor, a pesar de los menores costes y los bajos precios de las tarifas de energía, así como el aumento de los salarios.

Si alguien había pensado que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, iba a calmar a los mercados esta semana, no podía estar más equivocado. Lo que demuestra lo que venimos advirtiendo desde hace tiempo: los bancos centrales han perdido el control, pero puede ser algo positivo ya que, de esta manera, el mercado tendrá un ciclo normal de negocio, aunque pueda resultar doloroso o duro para algunos bancos.

Los bancos centrales se han vuelto el centro de atención, pero los políticos nunca debieron dejar su responsabilidad. Y ahora estamos viendo claramente el reflejo de la inhabilidad de los bancos centrales y el no hacer nada de la clase política. Por tanto, ver una retirada de los bancos centrales hacia la sombra sería bueno para la economía. Es hora de que los políticos cojan el testigo, es necesario que se invierta en las personas, en empleos, en infraestructuras, innovación.

Si nos fijamos en el mercado, vamos a "esperar" a que los 1.800 puntos en el S&P 500 se mantengan esta semana, de lo contrario volveríamos el máximo de 2007 en 1.580/1.600 puntos. No sé hacia donde va el mercado desde aquí, pero estoy recibiendo más llamadas y lecturas de sentimiento más negativas que en cualquier otro momento desde la caída de Lehman Brothers.

Desde el año 2007 la deuda global se ha expandido en 57.000 millones de dólares, y el 70% de la total creación de liquidez por los bancos centrales se utiliza para pagar la vieja deuda. Todo lo que sucede en este momento hace que las tasas vayan aún más negativas, y los bancos no pueden ganar dinero con tasas negativas. Sin olvidar que los bancos centrales parecen estar quedándose sin municiones e incluso ideas. ¡Pero que no cunda el pánico! No hay que desesperarse. No tengo las "claves", pero en este momento hay valores enormes y fundamentales por todas partes y habrá intentos de "salvar" al mercado.

¿POR QUÉ NO BAJA EN COLOMBIA EL PRECIO DE LA GASOLINA SI EL PETRÓLEO HA CAÍDO EN UN 70%?


En días pasados se habló con el Ministro de Minas y Energía, Tomás González. Los combustibles fueron un tema central, el Ministro aclaró algunas dudas para entender el contexto de su comportamiento y la situación actual de los precios.

Dentro del espacio concedido, se trataron diferentes temas que han incidido directamente en el sector, como los interrogantes sobre el precio de los combustibles teniendo en cuenta las grandes diferencias entre el precio de referencia internacional y el precio interno de los mismos.

En un entorno donde los precios del petróleo han bajado más de 70%, se cuestionaron y recordaron las observaciones en cuanto a los resultados y situación del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (FEPC).

El (FEPC) fue creado en el 2007 para evitar que la elevada volatilidad de los precios internacionales del petróleo se trasladara a los precios de los consumidores y estos puedan planear sus costos con cierta estabilidad.

Cuando los colombianos pagan un precio por encima de los precios de referencia internacional, en dicho fondo se estaría ahorrando dinero, mientras que cuando se paga un valor por debajo de los precios internacionales, el fondo subsidia los precios. Teniendo en cuenta esto, cuando los precios del petróleo estuvieron tan elevados en el pasado, se afirma que las personas estuvieron pagando menos por la gasolina, lo cual es la razón de un déficit causado en el fondo.   

A grandes rasgos, González indicó que la política que se ha armado es para estabilizar los precios, aclarando que en algunos casos las personas están de acuerdo y en otros, la gente quisiera que bajara más.

Entonces, “la estabilización se trata de que cuando el precio internacional de referencia de la gasolina suba en gran medida, los precios internos no suban tanto y cuando los internacionales bajen mucho, los internos no bajen tanto”, afirmó el ministro, aclarando que ha funcionado bien a pesar de los grandes costos fiscales, superando los $500.000 millones al año.

Cuando el ministro se refirió a los comentarios de la corte constitucional en la sentencia contra el fondo de estabilización, señaló  que “hay momentos de ahorro y desahorro, donde los colombianos pagan más que el precio internacional por la gasolina y viceversa. Cuando los colombianos pagan más se ahorra y cuando pagan menos se subsidia”. Esta lógica aplicaría para cualquier fondo de cualquier producto, indicó el ministro.

 “En la reforma tributaria de 2014 se creó esa contribución con la diferencia de ahorro (diferencial de participación), como una fuente para financiar el FEPC, pero dado que hubo problemas de trámite, la corte dijo que no se podía tener como una fuente del fondo”.

Finalmente, resaltó que “la corte no dijo que no se puede fijar el precio de la gasolina, que no se le pueden poner impuestos a la gasolina, que no pueden presentarse ahorros (…), dijo que no se podía mandar al fondo por vicios de trámite”.

Por tales motivos, “ahora toca buscar una vía legal para restablecer que se pueda, cuando hay ahorro, ahorrar”, teniendo en cuenta el acumulado de más de $4 billones de déficit.


También, se cuestionó sobre cómo ha evolucionado la situación de suministro de gas de Venezuela a Colombia. González, rectificó que se ha debido recibir desde el primer día del año, lo cual no se dio, justificado principalmente por el fenómeno de El Niño. No obstante, el ministro anunció que la infraestructura está lista y preparada para el proceso, por lo cual “espero que podamos tener gas de Venezuela, antes de que se acabe el Niño”, puntualizó. 

¿SE AVECINA ALGO PEOR QUE EL FENÓMENO DE EL NIÑO PARA LA POBLACIÓN Y AGRICULTURA COLOMBIANA?


El fenómeno de El Niño ha generado grandes consecuencias, como el desabastecimiento, más de 250.000 hectáreas afectadas e incrementos en los precios de los alimentos. Históricamente, luego de El Niño pueden presentarse impactos de peor o igual magnitud, ¿Se dará este fenómeno en 2016?

Desde antes de dar inicio al 2015, el país observaba que el fenómeno de El Niño se empezaba a desarrollar. Posteriormente entró a una etapa de maduración durante el tercer trimestre del año anterior y a comienzos del 2016 entró en su etapa más fuerte, al registrarse cifras récord de temperatura.

Según cifras oficiales, más de 280 municipios en el país han presentado desabastecimiento de agua, más de 250.000 hectáreas agrícolas se han visto afectadas, aproximadamente 4000 incendios se han presentado, los bajos niveles del Rio Magdalena han perjudicado la navegabilidad y el aumento del precio de los alimentos se ha hecho notar.

Además, se proyecta que el fenómeno de El Niño se siga evidenciando máximo hasta finales del primer semestre del presente año.

La tendencia que se ha observado al pasar del tiempo, muestra que después de presentarse  altas temperaturas y sequias durante un periodo de tiempo significativo, es muy probable que posteriormente  se presenten fuertes lluvias y una disminución de la temperatura, dando espacio al fenómeno contrario, La Niña.

Este comportamiento se ha presenciado durante los últimos años donde el Fenómeno de la Niña en 1996, 2000, 2008 y 2011 se ha generado luego de que se presentaran fuertes sequías en periodos inmediatamente anteriores. Los dos extremos de estos impactos climáticos presentan diversas dificultades a nivel social, ambiental y económico.

Según los resultados de una investigación realizada en conjunto por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), sobre los costos económicos de los eventos asociados al clima, uno de los fenómenos con mayor impacto en Colombia, se presentó cuando La Niña apareció en 2011.

De acuerdo a los resultados, durante el fenómeno de la Niña entre 2010 y 2011, gran parte de la población se vio afectada. Aproximadamente el 15% de la población y de las viviendas estuvieron en riesgo por inundación y aproximadamente un 24% en riesgo por deslizamientos. Dicho escenario impactó en mayor medida al sector rural. De igual manera, el fenómeno generó pérdidas para el país de aproximadamente $11 billones.

Uno de los sectores más afectados con estos cambios abruptos del clima es la agricultura. En este sector, el cual representa 2,5 millones de empleos y aproximadamente el 4% del Producto Interno Bruto (PIB), podrían generarse grandes impactos económicos negativos con este tipo de cambios, ya que se puede producir degradación de los suelos, plagas y cambios en la fenología de los cultivos.

Según el BID, de seguir con estos constantes cambios climáticos, los rendimientos agrícolas dentro del lapso de 2010-2100 podrían variar en -7,4% a nivel nacional. Durante este mismo periodo de tiempo, los rendimientos del sector ganadero también podrían presentar variaciones de -1,6% y podría presentarse una disminución en el consumo de -0,61%.

En frente de este difícil escenario, cabe preguntarse ¿Se presentará un fenómeno de La Niña durante el segundo semestre de igual o de mayor que el presentado hace 6 años?, ¿Los impactos económicos y sociales podrían ser mayores que los presentados durante este último fenómeno de El Niño?, ¿Colombia estaría preparada para afrontar este cambio?

Ante la incertidumbre, el BID, la Cepal y el DNP, dan algunas sugerencias de cómo adaptarnos a cambios abruptos del clima que podrían presentarse. Estas sugerencias están ligadas a:

Promover el desarrollo económico de la mano de la gestión ambiental.
Incrementar el conocimiento de las relaciones entre el clima y la productividad de los sectores.
Generar procesos de ordenamiento territorial teniendo en cuenta la variabilidad climática.
Toma de decisiones con conocimiento previo de los mecanismos más eficientes para lograr una adaptación.
Son aspectos a tomar en cuenta dado que las proyecciones no son las más positivas. Según el BID, en un caso hipotético en que la tasa de desastres climáticos aumente en 20% en los próximos años, se podría producir una disminución en el PIB del 0,25% en el corto plazo y de 1,50% en el largo plazo.

En contraste, en un caso hipotético de una reducción de 45% de viviendas ubicadas en zonas de riesgo, podría reducirse la tasa de desastres sociales en 60% y un aumento de la inversión de 6% en el corto plazo.

ESTRATEGIAS DE INVERSIÓN EN ACCIONES COLOMBIANAS PARA EL 2016


La calificadora Standard and Poor’s (S&P) decidió revisar de estable a negativa su perspectiva sobre la calificación de la República de Colombia. Para la agencia esta decisión refleja el hecho de que existe una probabilidad superior a un tercio de un recorte en las calificaciones soberanas si las posiciones fiscal y externa del país presentan un deterioro frente a su escenario base. S&P estima para este año un balance para el sector público consolidado de -3% del PIB y un balance en cuenta corriente de -6,2% del PIB. Al tiempo, S&P reafirmó los niveles actuales de la calificación de largo plazo tanto de la deuda en moneda extranjera (BBB) como en moneda local (BBB-).

Los principales argumentos detrás de esta decisión son:

      La revisión a la baja en la proyección de precios del petróleo. Recientemente S&P ajustó sus previsiones para la cotización de la referencia WTI a un promedio de US$40 por barril en 2016, US$45 en 2017 y US$50 en 2018. En virtud de este cambio, se deterioraron las expectativas de la agencia sobre el crecimiento, el balance fiscal y la posición externa de Colombia.

      La profundización de la desaceleración económica en 2016. La caída más fuerte de los precios del petróleo llevan a S&P a prever un crecimiento de 2,9% en 2015 (inferior a nuestra expectativa de 3,1%), 2,6% en 2016 (en línea con nuestro escenario base) y 3,3% en 2017 (40 pbs superior a nuestra previsión). Para la calificadora esta desaceleración es consistente con lo ocurrido en otros países que han sufrido choques externos similares.

      La ampliación del déficit fiscal. La agencia calificadora espera un déficit para el sector público consolidado de 3% del PIB este año y 2,3% para los dos años siguientes. Esto representa una ampliación sustancial frente al nivel promedio de 1,6% del PIB observado entre 2013 y 2015.

      El crecimiento de la deuda pública. La anterior tendencia, sumada al efecto de la depreciación cambiaria sobre el valor de los pasivos externos denominados en pesos, ha supuesto un aumento de los pasivos netos del sector público, desde menos del 29% del PIB en 2013 a un promedio de 36% del PIB este y el próximo año.

      El deterioro de la posición externa del país. Por una parte, la deuda externa neta  como proporción de los ingresos de la cuenta corriente se incrementó de 52% en 2014 a 75% en 2015. Este resultado está explicado por el descenso en el valor de las exportaciones de materias primas y las necesidades crecientes de financiamiento externo. De otra parte, la posición deudora neta como porcentaje de los ingresos de la cuenta corriente pasó de menos de 150% en 2015 a más de 200% en 2015.

En el comunicado también se resaltan aspectos positivos que permiten que Colombia mantenga su grado de inversión:

      La historia de buen manejo fiscal y monetario, junto con la mejora en las condiciones de seguridad, han permitido que nuestra economía mantenga un ritmo de actividad productiva e inversión crecientes, y que aumente su capacidad de respuesta ante los choques internacionales.



      La perspectiva de un acuerdo de paz hace que el conflicto interno deje de ser para S&P una limitación en materia de efectividad institucional. Además, pese a que las condiciones de seguridad han mejorado en los últimos años, la materialización del acuerdo con las FARC representaría un cambio significativo para Colombia. S&P asume que las negociaciones concluirán este año, incluso si no se cumple el plazo actual del 23 de marzo.


      La puesta en marcha de los proyectos de infraestructura 4G será un factor que no solo mitigará la desaceleración causada por la caída en los precios de las materias primas, sino que además complementará los beneficios que resultarán del proceso de paz.

 Para S&P el destino futuro de la calificación de Colombia dependerá de los siguientes factores:

      Si las autoridades no consiguen adoptar este año las medidas requeridas para estabilizar la tendencia de creciente endeudamiento y para reducir los desbalances económicos, las posiciones fiscal y externa se deteriorarían aún más.

      En particular, un fracaso en las negociaciones de paz o un debilitamiento en el margen de maniobra política del Gobierno que limiten su capacidad para ajustar la política fiscal serían los detonantes para que S&P redujese la calificación del país. En este sentido, el comunicado de la agencia es explícito en asumir que el próximo mes el Gobierno dará detalles sobre sus planes de recorte de gastos (que según se ha anunciado recientemente serían de 0,8% del PIB). Asimismo, asume que en el transcurso de este año las autoridades avanzarán en medidas de carácter estructural relacionadas con los ingresos y los gastos. Si bien hay claridad en que la reforma tributaria estructural atacará el primer frente, hasta el momento hay pocos detalles sobre las alternativas que considerará el Gobierno frente al tema del gasto en el mediano plazo.

      Para S&P las calificaciones se mantendrían si el proceso de paz avanza de forma que el Gobierno logre sacar adelante sus iniciativas de ajuste de las finanzas públicas. La exitosa ejecución del programa de infraestructura 4G también será para la agencia un elemento clave de la estabilidad económica y fiscal del país.

 ¿Qué valoración hacemos del anuncio de S&P?

      La decisión de la calificadora valida la tendencia que desde hace meses muestran las primas de riesgo país. En efecto, desde que los precios del petróleo empezaron a caer a mediados de 2014 el spread de la deuda externa colombiana se ha ampliado de forma consistente. Si bien las primas de riesgo de otros países latinoamericanos también han subido en ese lapso, el incremento de la colombiana ha sido más pronunciado que el de países con similar calificación, tales como Perú o México.

      En ese sentido, nuestros modelos sugieren que la calificación implícita para Colombia en los niveles actuales de la prima de riesgo se ubica en grado especulativo. Un indicador que construimos a partir de los spreads de los CDS soberanos muestra que las calificaciones asignadas por los agentes de mercado para las principales economías latinoamericanas son inferiores a las vigentes por parte de las calificadoras de riesgo. Para el caso de Colombia, frente al BBB asignado por S&P la calificación implícita es BB+, es decir dos peldaños menos. Lo anterior confirma el hecho estilizado de que los mercados de deuda y derivados suelen anticipar las decisiones de las agencias calificadoras.  

      Con base en lo anterior, prevemos que el anunció no tendrá un impacto permanente en los mercados cambiario y de deuda pública. Si bien puede haber una reacción inicial que suscite un debilitamiento del peso frente al dólar y un empinamiento adicional de la curva de TES en lo que resta de esta semana, consideramos que los precios actuales recogen en buena medida las tendencias que llevaron a S&P a poner en perspectiva negativa la calificación del país.

      A nuestro juicio, el efecto más importante de esta decisión es consolidar el nivel actual de la prima de riesgo país, y como resultado de ello del USDCOP y la pendiente de la curva de TES. En ese orden de ideas, creemos que es menos probable observar correcciones sustanciales en estas variables, en especial si se tiene en cuenta que las medidas que anuncien las autoridades en los próximos días ya forman parte del escenario base de S&P.

      En términos de impactos económicos, creemos que el mayor efecto se observaría en el crecimiento. La decisión de S&P puede traducirse en un menor dinamismo del consumo y la inversión, lo que generaría un efecto de desaceleración adicional en el crecimiento de 2016. Esto se daría como resultado de tres factores:
1) Si bien los indicadores de confianza de los agentes económicos se han reducido en el arranque del año, es de esperar que la decisión de S&P extienda en términos de tiempo y magnitud este deterioro.
2) El costo del financiamiento tanto externo como interno permanecerá alto, lo que implicará un endurecimiento adicional de las condiciones financieras que se suma a los incrementos recientes de la tasa repo.
3) Los recortes de gasto que adoptará el Gobierno harán que el aporte de la demanda pública al crecimiento de este año sea menor que lo previsto.

      En nuestro escenario base el crecimiento esperado para 2016 es 2,6%, y en el escenario adverso es 1,8%. La revisión de la perspectiva de la calificación implica un riesgo sobre nuestro escenario base y una mayor probabilidad de ocurrencia del bajista. No obstante, la materialización de este sesgo dependerá de la estrategia específica que adopten las autoridades para hacer frente a los desafíos fiscales y a las vulnerabilidades externas del país.

      Se confirma la tendencia hacia una política monetaria más restrictiva. Con este desarrollo se hace todavía más claro que las decisiones del Emisor en 2016 no solo se centrarán en la disyuntiva entre crecimiento e inflación, sino que también incorporarán como dimensión relevante el control del desbalance externo. Esto es consistente con incrementos adicionales en la tasa repo, que en nuestro escenario base seguirán a un ritmo de 25 pbs, pero que podrían intensificarse en caso de que se agudicen los choques externos o inflacionarios.

En cualquier caso, advertimos que la reducción del déficit en cuenta corriente será para las autoridades colombianas un objetivo que tendrá importantes costos, sobre todo en materia de desaceleración de la actividad productiva, así como desafíos, puesto que la experiencia de países como Australia demuestra que la efectividad de este tipo de actuaciones es limitada.


      El mantenimiento de la calificación de riesgo soberana dependerá de aspectos que van más allá de lo económico. Queremos enfatizar que la capacidad de las autoridades de tomar y ejecutar decisiones apropiadas de política será una consideración crucial para las agencias calificadoras. Vale la pena recordar que el detonante de las reducciones de calificación que sufrió Brasil el año pasado fue el escaso margen de maniobra del gobierno de Dilma Rousseff para sacar adelante las medidas de consolidación fiscal requeridas por ese país. En nuestro caso, la intención expresada por las autoridades de avanzar en la senda de austeridad deberá trasladarse en corto tiempo en medidas que devuelvan la confianza de los agentes económicos, en medio de un contexto político y social complejo. Por lo tanto, se tratará de un auténtico reto de economía política.  

¿SE APROXIMA OTRA CRISIS GLOBAL?


El dinero es muy miedoso. Una manida afirmación que, sin embargo, parece muy cierta estos días en los que las principales bolsas del planeta viven unas turbulencias con significativos desplomes como no se veían desde hace dos años.

¿Qué ha pasado para que se asusten? Ha bastado un cúmulo de incertidumbres sobre algunos aspectos clave de la economía internacional para poner a los mercados financieros patas arriba y hacer que aparezcan con creciente fuerza los temores a una nueva crisis económica global. La desaceleración de China, los problemas de los países emergentes agravados por el desplome del precio del petróleo o las dudas sobre la solvencia de la banca europea, especialmente la alemana e italiana, surgen en el horizonte como causas principales de esta sucesión de números rojos en los parqués.

Un nerviosismo en las bolsas que plantea si están anticipando un nuevo cataclismo económico.

Pero ¿hay razones suficientes para justificar el miedo de los inversores? ¿Se aproxima una nueva crisis o sólo hay una sobreactuación de los mercados?

Nadie duda de la ralentización de la economía. El FMI ha corregido a la baja la previsión de crecimiento para el PIB mundial en su última actualización de enero. El organismo prevé un incremento del 3,4% en 2016, lo que supone dos décimas menos que la anterior proyección de octubre del año pasado. Un retroceso justificado por una mayor desaceleración de los países emergentes. Es precisamente en esas economías en las que se centra el foco del Fondo Internacional en los últimos meses. «Las tasas de crecimiento están bajando, los flujos de capital se han revertido y las perspectivas a medio plazo se han deteriorado de manera aguda», señaló la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, hace unos días echando más madera sobre los temores internacionales.

Sin embargo, la incógnita radica en saber si esta ralentización es suficiente para generar una nueva crisis. Los expertos están de acuerdo en que, a día de hoy, no hay ningún dato que haga pensar en una nueva tormenta económica como la iniciada en 2008. «Mi impresión es que se trata de una sobrerreacción de los mercados», sostiene Federico Steinberg, investigador de Economía y Comercio Internacional del Real Instituto Elcano. Este experto señala que las cifras de los emergentes muestran una desaceleración -salvo en India- que el crecimiento de EE UU y Europa es insuficiente para compensar en el crecimiento global.

Dudas magnificadas
 «Los mercados financieros son más volátiles que la economía real y a veces exageran sus movimientos». La duda sobre la que se debaten los inversores es si esto se convierte en un episodio de recesión como en 2009 o si sólo se limita a las dificultades de los emergentes para recuperar el ritmo de crecimiento. «No preveo que haya un escenario de vuelta a la recesión global». Si los mercados «magnifican» las incertidumbres pueden convertirse en un problema adicional: «Las bolsas no pueden ser el detonante para una recesión a nivel global. Son un elemento, pero no suficiente. Pero sí pueden dificultar alcanzar la recuperación».

Para otros expertos, la crisis de 2008 y la que podría estallar ahora no son comparables. «La crisis nunca fue global, fue más bien una crisis a ambas orillas del Atlántico. Lo que podemos ver ahora es una posible crisis que sería más amplia si se confirmara, con su principal foco en China y los emergentes». «El riesgo no es despreciable», aunque también insiste en que la situación no tiene por qué ser tan grave: «Hay un cambio de paradigma en el que el crecimiento mundial tiene que corregir su nivel, porque ha habido distintas burbujas (tecnológica, financiera, de materias primas) y se ha acumulado demasiada deuda».

Sin duda el nombre de China aparece en todas las conversaciones sobre riesgos actuales. El gigante asiático cerró 2015 con el menor crecimiento en 25 años (6,9%) y la previsión para 2016 es aún más baja (6,3%). «Hay un problema de confianza en China. Las dudas son si las autoridades van a ser capaces de gestionar el aterrizaje suave de su economía», explica Steinberg. Las actuaciones titubeantes durante las caídas de la Bolsa de Shanghái de comienzos de año levantaron dudas. Sin embargo, Steinberg se muestra optimista sobre la capacidad de los dirigentes del país. «Las autoridades han demostrado en los últimos años que son capaces».

 «Vivimos momentos convulsos y China genera dudas. Por su tamaño siempre será un riesgo sistémico para los mercados». El problema que existe con el gigante asiático es que es una «economía dirigida con datos oficiales que puedes no creértelos». En cualquier caso, tiene claro que su economía aún es sólida. «2016 será el año de recesión de Brasil y Rusia, pero no de China», insiste.

Precisamente países como Rusia, cuya estimación de crecimiento para este año es del -1%, están sufriendo por el desplome de las materias primas. «Sin duda los países exportadores de petróleo y gas van a pasarlo mal». En este sentido, recuerda que para la economía global el abaratamiento del crudo es positivo. En su opinión, el problema radica en que los precios caen más de lo esperado como consecuencia de la debilidad de la demanda de países claves como los emergentes.

Banca europea
El último factor en sumarse a la incertidumbre global es un viejo conocido de la anterior crisis: el sistema bancario europeo. Y es que las bolsas han castigado desde comienzos de año con especial virulencia a las entidades financieras del viejo continente por las dudas sobre su solvencia. Lo fundamental es detectar qué bancos tienen problemas de balance y recapitalizarlos en los mercados y, si no es posible, a través de los Estados. «Lo importante es detectar el problema y aislarlo». Entre los bancos señalados se encuentran gigantes como el Deutsche Bank alemán, que ha perdido casi la mitad de su capitalización en lo que va de año.

 La situación de algunas grandes entidades financieras europeas es otra causa de la inestabilidad. «Por supuesto hay dudas sobre la banca europea. No hay mecanismos de resolución claros. No hay un sistema de garantía de depósitos común. Y tienen un problema de negocio», aunque reconoce que se han dado pasos positivos en los últimos años. El tiempo dirá si los suficientes para evitar otra crisis.

POR QUÉ LOS MERCADOS NO SE EQUIVOCAN AL TEMER POR CHINA


Fuga de capital en momentos de panico
Variación de las reservas de divisas internacionales de China

¿Hacen bien los inversores en vigilar con recelo el desarrollo de los acontecimientos en China? Según Xavier Hovasse, gestor de fondos de renta variable emergente de Carmignac, hay un indicador clave que justifica una postura cauta.

 Por qué los mercados no se equivocan al temer por China Por qué los mercados no se equivocan al temer por China

Es grande, es importante, es opaco y pocos lo entienden. Son las razones que explican el pánico que se ha extendido entre los inversores a nivel mundial ante la ralentización económica de China y que justifican la cautela con la que abordarán desde Carmignac los mercados en 2016. El año ha arrancado con una alineación mala de las estrellas y varios frentes ejercen una mayor presión en los mercados financieros. Los indicadores, de hecho, les recuerdan al contexto previo a crisis financiera. Pero para que se de un derrumbe completo de los mercados hace falta tener un susto fuerte. Y China podría jugar ese papel.

Las caídas generalizadas que han marcado el primer mes de año no fueron una sobrerreacción, defiende Xavier Hovasse, gestor del Carmignac Emerging Discovery, en una entrevista en el marco de la conferencia trimestral de la gestora francesa en París. Solo ha sido una corrección. China asusta porque es opaca, es enorme y es complicada. Las autoridades no están comunicando bien, lo que para el experto da la impresión de que «están un poco perdidos». Aunque, de momento, no ven un aterrizaje forzoso de su economía.

Un temor justificado
¿Hacen bien los mercados en temer por la situación de China? Para el experto, sí. La situación es compleja y no existe una solución fácil. La economía china se está ralentizando. Su industria, correlacionada con la construcción y la inversión, está debilitándose. El consumo doméstico, al menos, lo está haciendo bien, pero es de los pocos factores por los que aún hay crecimiento en el país. Se podría argumentar que China no es el único emergente en dificultades. Pero la clave del asunto está en que el problema de China no es solo suyo.

El foco de la preocupación de este experto está en la divisa. La incertidumbre y el temor a una mayor devaluación del renminbi han elevado la demanda de empresas y de hogares por dólares estadounidenses. Es la reacción de este último grupo lo que el inversor debe vigilar. Como se aprecia en el gráfico, los ciudadanos chinos tienen una importante suma de ahorros: por valor de 15,5 trillones de dólares en activos líquidos. Y lo que asusta: que se pueden vender el tan solo unos días. «Es casi el equivalente al PIB de Estados Unidos», señala Xovasse. El banco central de China tiene una reserva en dólares sustancial -3,3 trillones de dólares-, pero no bastaría para hacer frente a las demandas.

Alternativas para controlar el capital
Hay dos posibles vías de actuación. China podría ajustar el control de capital. Pero implica volver a cerrar su economía. Y si el país lanza el mensaje de que los ciudadanos están atrapados en su divisa, la demanda de intercambiarlo por dólares crece. También podría aprobar una fuerte devaluación de golpe para intentar ahuyentar, pero no tienen la certeza de que les daría el efecto deseado.

Y es así como el problema de China se convierte en uno internacional. La moneda china, en opinión del gestor, no está realmente sobrevalorada. Además, el superávit de su balance comercial está en máximos históricos gracias a la caída de las materias primas: en los 600 mil millones de dólares. Una mayor manipulación de su divisa se convertiría ya en un problema serio para Estados Unidos, porque las reservas internacionales de China son esencialmente «US Treasuries», bonos estadounidenses, y venderlos tendría un impacto negativo en los tipos de interés del país. También obligaría a las demás divisas asiáticas, así como las ligadas a las materias primas (como el real brasileño, el peso argentino o el rand sudafricano), a depreciarse para mantener su competitividad.

También supondría, indirectamente, un estímulo monetario negativo para China. Casi equivalente a una subida de tipos y precisamente una presión mayor en un país que crece más lento y con un bagaje de crédito grande. De momento, los tipos interbancarios -uno de los indicadores a los que estar atentos- no dan señal de pánico, pero habrá que vigilar si incrementa el riesgo de un aterrizaje forzoso.

Lo que asusta al inversor: la imprevisibilidad
La clave de que la incertidumbre se haya extendido de forma sistémica es el peso importante de los emergentes en el crecimiento global. E incluso a nivel bursátil. Gran parte de los beneficios de las compañías europeas se generan en estos países: las de las compañías de gran consumo, de las telecomunicaciones, de la industria del lujo y de los cosméticos. Hasta de las grandes tecnológicas norteamericanas. Tampoco hay que olvidar el impacto deflacionista. Algunas monedas han perdido un 50 por ciento de su valor en países que están teniendo dificultades económicas. Así que es una doble presión a la baja en los beneficios procedentes de esos países.


El problema está, entonces, en que la incertidumbre está conducida por el miedo, por el sentimiento y la confianza con las autoridades chinas. Algo imposible de calcular. Por eso, para el experto, «es algo que da mucho miedo».

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