CÓMO ALIMENTAR AL MUNDO DE AQUÍ AL 2050


En el año 2050 la población mundial será de 9 100 millones de personas, un 34 % superior a la de hoy en día, y prácticamente la totalidad de este incremento de la población tendrá lugar en los países en desarrollo.

La urbanización continuará a un ritmo acelerado y aproximadamente el 70 % de la población mundial será urbana (en la actualidad esta cifra es del 49 %). El nivel de ingresos será varias veces superior al actual. Para alimentar a esta población más numerosa, más urbana y más rica, la producción de alimentos (excluyendo los alimentos empleados en la producción de biocombustibles) deberá aumentar un 70 %.

La producción anual de cereales habrá de aumentar desde los 2 100 millones de toneladas actuales hasta los 3 000 millones, mientras que la producción anual de carne deberá aumentar en más de 200 millones de toneladas hasta alcanzar los 470 millones. En el presente informe se señala que este incremento de la producción de alimentos puede conseguirse si se realizan las inversiones necesarias y si se aplican unas políticas que favorezcan a la producción agrícola.

No obstante, el incremento de la producción no es suficiente para alcanzar la seguridad alimentaria, sino que se debe complementar con unas políticas que mejoren el acceso mediante la lucha contra la pobreza, especialmente en las zonas rurales, así como con programas de protección eficaces. Por término medio, las inversiones netas anuales en la agricultura de los países en desarrollo necesarias para conseguir el incremento de la producción requerido ascenderían a 83 000 millones de USD.

La brecha mundial entre la cuantía de las inversiones necesarias y los niveles actuales de inversión puede ilustrarse mediante la comparación entre las necesidades de inversión anual bruta de 209 000 millones de USD (en los que se incluye el coste de la renovación de las inversiones que se deprecian) con el resultado de un estudio separado que estimó que en la última década los países en desarrollo invirtieron, en promedio, 142 000 millones de USD (dólares de 2009) anuales en la agricultura. El aumento necesario es por tanto del 50 %.

Estas son las cantidades totales correspondientes a las inversiones públicas y las privadas, es decir, las inversiones realizadas por los agricultores. Para poder disponer de dichas cantidades será necesario realizar una redistribución considerable de los presupuestos de los países en desarrollo y de los programas de los donantes. Además, se requerirán políticas que apoyen a los agricultores de los países en desarrollo y los animen, tanto a ellos como a otros participantes en la agricultura del sector privado, a aumentar sus inversiones.

En los países en desarrollo, el 80 % del incremento de la producción requerido procedería del aumento del rendimiento y la intensidad de los cultivos, en tanto que tan sólo el 20 % procedería de la expansión de las tierras cultivables. Sin embargo, en el ámbito mundial el índice de crecimiento del rendimiento de los principales cultivos cereales ha disminuido de manera continuada y pasó del 3,2 % anual en 1960 al 1,5 % en 2000.

El desafío al que se enfrenta la tecnología es invertir esta disminución, ya que un incremento lineal continuado del rendimiento en el ámbito mundial tras la tendencia registrada durante las últimas cinco décadas no será suficiente para satisfacer las necesidades alimentarias. Aunque las inversiones en investigación y desarrollo (I+D) agrícolas siguen siendo una de las inversiones más productivas, con unas tasas de rendimiento de entre el 30 % y el 75 %, se han dejado de lado en la mayoría de los países de ingresos bajos. En la actualidad, la investigación y el desarrollo agrícolas en los países en desarrollo están dominados por el sector público, por lo que inicialmente las inversiones adicionales tendrán que proceder de los presupuestos  3 gubernamentales.

Con el fin de aumentar las inversiones del sector privado habrá que abordar cuestiones relativas a los derechos de propiedad intelectual, al tiempo que se garantiza un equilibrio para que no se reduzca el acceso de los pequeños agricultores a las nuevas tecnologías. El hambre puede persistir a pesar de existir un suministro total suficiente debido a la falta de oportunidades de ingresos para los pobres y a la ausencia de unas medidas protectoras sociales eficaces. La experiencia de los países que han conseguido reducir el hambre y la malnutrición muestra que el crecimiento económico no garantiza automáticamente el éxito, sino que el origen del crecimiento también desempeña un papel importante. El crecimiento derivado de la agricultura, en particular del sector en pequeña escala, es al menos el doble de eficaz a la hora de beneficiar a la población más pobre que el crecimiento derivado de sectores no agrarios.

Este hecho no resulta sorprendente ya que el 75 % de la población pobre de los países en desarrollo vive en zonas rurales y sus ingresos están vinculados directa o indirectamente a la agricultura. La lucha contra el hambre requiere también unas medidas específicas y prudentes en forma de unos servicios sociales extensivos que incluyan la asistencia alimentaria, la salud y el saneamiento y la educación y la capacitación, prestando especial atención a la población más vulnerable. Muchos países seguirán dependiendo del comercio internacional para garantizar su seguridad alimentaria. Se calcula que en 2050 las importaciones netas de cereales de los países en desarrollo se habrán multiplicado por más de dos y, así, habrán pasado de los 135 millones de toneladas en 2008/09 a los 300 millones.

Ésta es la razón por la que es necesario avanzar hacia un sistema de comercio mundial que sea justo y competitivo y que contribuya a conseguir un mercado fiable para los alimentos. La reforma de las políticas de apoyo a la agricultura en los países de la OCDE es una medida positiva que ha dado lugar a la reducción del coeficiente de distorsión del comercio total desde el 0,96 en 1986 hasta el 0,74 en 2007. No obstante, claramente todavía es posible mejorar. También es necesario apoyar a los agricultores de los países en desarrollo y facilitarles el acceso al mercado para que puedan competir de manera más equitativa.

Con vistas a estar mejor preparados ante futuras perturbaciones del sistema mundial, los países también deben considerar medidas conjuntas como la acción coordinada para abordar las posibles crisis alimentarias, la reforma de las normas comerciales y la financiación conjunta para ayudar a la población afectada por un nuevo repunte de los precios o por catástrofes localizadas. El cambio climático y el incremento de la producción de biocombustibles constituyen graves riesgos para la seguridad alimentaria a largo plazo.

A pesar de que los países del hemisferio sur no son los principales causantes del cambio climático, podrían sufrir la mayor proporción de las repercusiones en forma del descenso del rendimiento y del incremento de la frecuencia de los episodios meteorológicos extremos. Según los estudios realizados se calcula que los efectos negativos totales del cambio climático sobre la producción agrícola africana hasta 2080-2100 podrían situarse en el 15-30 %. La agricultura tendrá que adaptarse al cambio climático pero también puede ayudar a mitigar los efectos del mismo; además, existen útiles sinergias entre la adaptación y la mitigación.

La producción de biocombustibles a partir de productos agrícolas se multiplicó por más de tres desde el año 2000 hasta 2008. En 2007-08 la cantidad total de cereales secundarios utilizados en la producción de etanol alcanzó los 110 millones de toneladas, alrededor de un 10 % de la producción mundial. El aumento del uso de los cultivos alimentarios en la producción de biocombustibles podría tener graves implicaciones para la seguridad alimentaria. Según un estudio reciente se calcula que la rápida expansión continuada de la producción de biocombustibles hasta el año 2050 haría que el  4 número de niños en edad preescolar subnutridos en África y Asia meridional fuese 3 y 1,7 millones mayor, respectivamente, que si tal expansión no existiese.

Por lo tanto, es necesario reconsiderar las políticas que promueven el uso de los biocombustibles derivados de los alimentos con el fin de reducir la competición entre los alimentos y los combustibles por los escasos recursos existentes.  El mundo cuenta con los recursos y la tecnología necesarios para erradicar el hambre y garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo, a pesar de los múltiples desafíos y riesgos que existen. Habrá que movilizar la voluntad política y crear las instituciones necesarias para garantizar que las decisiones clave sobre las inversiones y las políticas para erradicar el hambre se toman y se ponen en práctica de manera eficaz. Ahora es el momento de actuar.

LA ESCRITURA RESPONDE A UNA VOZ INTERIOR


En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan  la grafía. En Francia  también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.

Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.

En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.

Por su parte, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.

Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.

Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable. Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.

Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta. Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere.

En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.

Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en  la revista Time, titulado: "Duelo por la muerte de la escritura a mano", señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia.

La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer". Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo...

¿ ES EL MODELO AGRÍCOLA TRANSGÉNICO UN PELIGRO O UN ALIVIO PARA COMBATIR EL HAMBRE EN EL MUNDO?:


La cara y la cruz del modelo agrícola transgénico

El cultivo de productos transgénicos es una realidad en países como Estados Unidos, México y Brasil, si bien se trata de una actividad muy cuestionada porque supone una amenaza para los ecosistemas y para la salud de sus consumidores.
Aún así, en los últimos años se ha registrado un fuerte aumento de hectáreas cosechadas. Brasil es uno de los países donde más está calando este tipo de cultivos. A través de cultivos como el maíz, diferentes variedades de soja y de caña de azúcar, el país suramericano se sitúa segundo en el ránking mundial de superficie de cultivos biotecnológicos, tras Estados Unidos (que produce 64 millones de hectáreas al año), con una producción anual, en 2009, de 21,4 millones de hectáreas. Brasil ha desplazado en el segundo puesto por superficie a Argentina que, especializado en cultivos se soja, maíz y algodón, cuenta con 21,3 millones de hectáreas.

Sin embargo, este tipo de agricultura ha suscitado grandes críticas en algunos países desarrollados, sobre todo en Europa, porque se teme que sea perniciosa para el medio ambiente y para la salud. España, Portugal, República Checa, Eslovaquia, Polonia y Rumania han apostado por este sistema de producción frente a Austria, Francia, Alemania, Grecia, Hungría y Luxemburgo, donde se han prohibido. Algunos expertos consideran que este rechazo obedece a criterios ideológicos y económicos y no a criterios científicos.

A este respecto, Alda Lerayer, directora ejecutiva del Consejo de Informaciones sobre Biotecnología de Brasil (CIB), comenta: “Uno de los mitos sobre los organismos modificados genéticamente es que acaban con la biodiversidad, cuando ésta es fundamental para mejorar y desarrollar la genética”. Aún así, según la regulación brasileña vigente, la distancia entre un cultivo convencional y uno transgénico debe ser igual o superior a 100 metros. No obstante, la normativa también permite reducir esta distancia a 20 metros y plantar 10 filas del cultivo tradicional junto al transgénico, para evitar que se mezclen.

Todos los productos lácteos que se consumen en el mundo tienen bacterias transgénicas, sólo que en algunos países no se consideran como tal, sino como aditivos, y no hay obligación de ponerlo en la etiqueta”. Por eso insiste en que no hay riesgo ni para los animales ni para las personas porque el gen original está controlado y, si se generan problemas, éstos son detectados tanto durante el proceso como después. Lo que está claro es que, con independencia de la controversia, esta nueva forma de entender la agricultura ha llegado para quedarse. Por eso, los expertos alertan sobre la desventaja que tendrán respecto al resto del mundo los países que no apuesten ahora por esta tecnología.

OPORTUNIDADES EN LA EPIDEMIA DE OBSESIDAD

En los años pasados, la U.S. Food & Drug Administration (FDA) ha tomado en consideración la aprobación o no de tres drogas nuevas para la gota. Esta dolorosa enfermedad, una vez llamada “enfermedad de reyes”, debido a su asociación con la vida costosa y para la que no ha habido nuevos tratamientos en los últimos 40 años, está ahora en alza, al igual que la apnea, la infertilidad, las enfermedades renales, el hipertiroidismo, y nuevas dolencias tales como el síndrome metabólico. Todos estas enfermedades al parecer sin conexión, son efectos secundarios de la obesidad, que ahora aflige a un tercio de los adultos en EUA.

Se estima que el gasto médico en enfermedades relacionadas con la obesidad se ha duplicado en la pasada década, a US$ 147 mil millones, el 9.1% del gasto médico total. La industria farmacéutica está, como resultado de esto, moviendo sus investigaciones hacia esos rumbos y se espera que en los próximos 5 a 10 años salgan a la luz varias nuevas drogas para la obesidad y condiciones relacionadas con ella, cuyo mercado podría estar valorado en miles de millones, aunque no es fácil hacérselas llegar a los pacientes. En años recientes, los tratamientos para la obesidad han fallado uno tras de otro, por efectos secundarios como la depresión, los problemas cardíacos y la diarrea.

Lo mismo ha pasado con las medicinas para la gota (causada por un exceso de ácido úrico en la sangre que se acumula en las articulaciones, causando dolor e inflamación), cuya incidencia comenzó a elevarse hace 20 años, junto con la obesidad, y hoy 5 millones la sufren en EUA. Los antiinflamatorios genéricos han sido el tratamiento más común por décadas, aunque son de limitado beneficio para mucha gente. La FDA aprobó Uloric, de Takeda Pharmaceuticals luego de cinco años convenciéndose de que la droga era segura, y aplazó otro tratamiento para la enfermedad (Krystexxa de Savient Pharmaceuticals), exigiéndoles nuevos datos sobre los efectos secundarios y el proceso de fabricación.

Los problemas de la obesidad, van más allá de la gota. La apnea al dormir (altos ronquidos e insomnio intermitente, por el colapso de las vías aéreas superiores durante el sueño), es un efecto secundario del exceso de peso alrededor del cuello. Según un estudio reciente, el mercado mundial para dispositivos respiratorios va a duplicarse a US$ 7.4 mil millones, debido a la creciente demanda de pacientes con este mal. Las farmaceúticas están muy interesadas en presentar tratamientos para el síndrome metabólico (incluye grasa abdominal, colesterol alto y altos niveles de azúcar en la sangre). La investigación es complicada pues la FDA no lo reconoce como una enfermedad, pero la Merck y Eli Lilly están desarrollando drogas para esta dolencia.

EL MAPA DE LA MENTE EMPRESARIAL


Si esta revista decidiera escoger un santo patrón, nominaría a Joseph A. Schumpeter. Nacido cerca de Praga en 1883, Schumpeter fue uno de los mayores teóricos del área de los negocios. Es su ya clásico libro de 1911 La teoría del desarrollo económico, Schumpeter rompe con la visión tradicional sobre los negocios, entronizando al emprendedor como fuente de todo el progreso económico. El libro lo hizo famoso en los círculos académicos a los 28 años, si bien sus ideas nunca calaron hasta no hace mucho, cuando la vital importancia del emprendedor se ha vuelto obvia para todo el mundo.

La gente siempre se sintió más atraída por el principal rival de Schumpeter, John Maynard Keynes. En 1936, Keynes publicó su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, un libro que se convirtió en la vía de escape de la Gran Depresión, pregonando el estímulo de las inversiones y el consumo por parte del gobierno. Keynes le hizo sombra a Schumpeter por el resto de sus vidas. Keynes, que también había nacido en 1883, era un escritor brillante, un intelectual y un pensador original. De hecho, acuño muchos conceptos que hoy en día utilizamos y que se resumen en lo que conocemos como “macroeconomía”.

Pero Schumpeter siempre siguió desarrollando sus análisis sobre en emprendedor. Consideraba que el análisis keynesiano hacía demasiado énfasis en el papel del gobierno, y que la gente se había olvidado de la energía empresarial que yacía tras la creación de Estados Unidos, el país más rico del mundo. En 1942, Schumpeter acuñó el término “destrucción creativa” para describir los incesantes cambios propios de las economías capitalistas. Esta observación (de que la misma innovación que crea una oportunidad para un negocio la destruye para otro) se volvió su sello personal.

Schumpeter murió en 1950 convertido en una leyenda entre los círculos académicos pero no entre la gente común. Luego, en los años ochenta, sus ideas gozaron de un renacimiento. La crisis de 1973 (que no podía ser explicada con el modelo keynesiano) propició una revisión del pensamiento de Keynes. Así que hoy en día se ha adoptado la noción de “destrucción creativa” de Schumpeter. En sus propias palabras: Los emprendedores son como un hotel, “siempre lleno de gente, pero de gente en continuo cambio”.


¿PUEDEN LAS REDES SOCIALES DESTROZAR TU CARRERA?

Un estudio explora el poder de la huella digital de los medios sociales en nuestra carrera.

Ya sea que utilicemos las redes sociales para publicar fotografías de nuestras vacaciones o para comunicarnos con nuestros clientes, la línea entre lo personal y lo profesional, así como lo que es apropiado, puede a veces... desdibujarse.

Una serie de estudios recientes han puesto de relieve el nivel de contenido publicado en redes sociales calificado como no profesional, en este caso, por médicos (palabrotas, fotografías de índole sexual o violaciones de la privacidad de los datos médicos de pacientes). Si bien este comportamiento se ha observado en todas las etapas de la carrera, los niveles de comportamiento reprobable fueron más altos entre los residentes y los médicos recién graduados.

"Cualquier médico que use las redes sociales tiene que ser consciente acerca de la protección de la información privada del paciente, incluso en las cuentas personales", comentó Toni Brayer, director ejecutivo de Sutter Pacific Medical Foundation en San Francisco, CA (EE. UU.).

Los médicos trabajan muy duro para permitir que algunas calificaciones negativas impidan que los pacientes acudan a su consulta

Uso de las redes sociales para mejorar la reputación
Un número cada vez mayor de pacientes recurre a los sitios de calificación de médicos como Rate MD, Yelp y Vitals a la hora de elegir un médico. "Sabemos que esos sitios son vías cada vez más importantes para los pacientes que buscan más información sobre los proveedores de atención médica. Hemos aprendido que las 'estrellas' importan y celebramos buenas críticas internamente y respondemos a cualquier queja de los pacientes directamente para nuestros médicos", expone Brayer".

Uno de los mayores beneficios de las redes sociales para los médicos es la capacidad de conectarse con sus colegas para mejorar el diagnóstico y otras habilidades médicas (como la International Hernia Collaborative, un gran grupo de Facebook para cirujanos para discutir operaciones complejas de hernia).

Los profesionales pueden encontrar en las redes interesantes artículos de revistas, publicaciones médicas y discusiones de nuevas terapias.

Los patólogos, por ejemplo, usan las redes sociales para compartir imágenes con colegas de profesión, estudiantes, pacientes e incluso con el público en general, mientras que las organizaciones médicas profesionales, las usan para promover su especialidad y brindar educación.

La American Medical Association (AMA), y la mayoría de las sociedades médicas especializadas, han desarrollado políticas de ética en el uso de las redes sociales durante los últimos años. Estas son sus recomendaciones:

-No publique ninguna información identificable por el paciente en ningún lugar, nunca.
-Establezca la configuración de privacidad en las redes sociales para proteger su propia información y contenido. Una regla excelente es nunca publicar nada que no quiera ver en una revista.
-Mantenga los límites apropiados de la relación médico-paciente. El hecho de estar en internet no significa que haya que relajar las reglas.
-Separe su contenido personal y profesional en redes.
-Diga algo si ve a un colega publicando contenido no profesional que puede violar los estándares profesionales.
-Reconozca las posibles consecuencias de su vida online, incluyendo lo que pueda afectar negativamente su reputación entre pacientes y colegas.

¿QUÉ ES Y QUE SIGNIFICA UNA GUERRA COMERCIAL?


Experto en negocios explica las bases del conflicto mercantil y cómo entender el por qué sucede.

Guerra comercial entre China y Estados Unidos
Estados Unidos ha podido financiar sus déficits los últimos veinte años sin problema porque el dólar es bien aceptado en el mercado internacional.

Se habla de una guerra comercial cuando dos o más países comienzan a levantar barreras al comercio entre ellos, ya sea con aranceles o con barreras técnicas, que impiden un movimiento sin trabas de bienes entre sus economías. La guerra comercial tiende a escalar porque empiezan a darse lo que se llaman retaliaciones, es decir, respuestas a las agresiones del otro. Si estas retaliaciones no tienen un fin, el comercio entre estas naciones puede verse interrumpido de forma importante.

¿Por qué surge una guerra comercial?
Generalmente hay un país que siente que sus exportaciones no tienen la oportunidad de competir en un mercado abierto y por lo tanto tiene que modificar las reglas de juego. También hay ocasiones donde la moneda de algún país se ha mantenido relativamente revaluada frente a sus socios comerciales y por lo tanto tiene que devaluarla para volver a ser competitivo; esto puede llevar a una retaliación de uno o más países que también devalúan su moneda y empiezan a crear un mercado internacional de devaluaciones competitivas. Esto es otra forma de guerra comercial.

En el caso de la administración Trump existe la firme convicción de que el déficit comercial (es decir, la diferencia entre exportaciones e importaciones) que tiene Estados Unidos es el resultado de malas negociaciones de acuerdos comerciales con algunos países y de competencia desleal de parte de otros, como por ejemplo China. Unas palabras sobre el déficit comercial americano: efectivamente las importaciones de Estados Unidos superan ampliamente sus exportaciones. Las primeras fueron, para 2017, $ 2,35 billones de dólares mientras que las exportaciones sólo llegaron a $ 1.56 billones. Es decir, tuvieron un déficit comercial de $ 790.000 millones.

En el caso de la administración Trump, existe la firme convicción de que el déficit comercial que tiene Estados Unidos es el resultado de malas negociaciones de acuerdos comerciales con algunos países

¿Es esto un problema? En principio no. El problema con un déficit comercial es no poder financiarlo. Pero Estados Unidos ha podido financiar sus déficits los últimos veinte años sin problema porque el dólar es bien aceptado en el mercado internacional y a tasas relativamente bajas. Véase lo que paga anualmente un bono del gobierno americano a 30 años: 2.94 % (revisado el 7 de julio de 2018). Como emisores de la moneda internacional de referencia, Estados Unidos no tiene ningún problema para financiar un mejor nivel de vida para sus habitantes que prefieren comprar más que menos cosas en el exterior. Otra situación sería que fuera Colombia, o casi cualquier otro país, el que se excediera en importaciones; nosotros no nos podríamos dar ese lujo. Trump y su equipo consideran que este déficit comercial es una pérdida que sufre el país porque otros se aprovechan injustamente de él. Primero que todo: esto no es una pérdida. Lo único que significa un déficit comercial es que yo compro más del exterior de lo que le vendo. Si tengo el beneficio de poderme dar ese lujo, no tengo por qué preocuparme.

Pero lo más grave de este malentendido es que las medidas de Trump para, según él, resolver esta injusticia, sí pueden ser dañinas no sólo a la economía americana sino a la del mundo entero. Veamos lo que se ha hecho: Trump arrancó este ciclo de eventos con la amenaza, que culminó en el anuncio de junio 1, 2018, de aplicarle unos aranceles del 25 % sobre el acero y del 10 % sobre el aluminio a las importaciones provenientes de la Unión Europea, Canadá y México. La razón para esto era sorprendente: “seguridad nacional”.

¿Qué tiene que ver la importación de acero o aluminio de alguno de estos países con seguridad nacional? Pues nada. La verdad es que con este argumento Trump se evitaría pasar sus medidas arancelarias por el congreso americano (que es en últimas el que maneja el comercio exterior). La reacción de los tres socios comerciales fue inmediata en el sentido de prometer retaliaciones sobre bienes americanos.

Después vino la renegociación del Tratado de Libe Comercio de América del Norte (llamado Nafta por sus siglas en inglés). Ésta cumplía casi un año de trabajo cuando Trump y su asesor económico Larry Kudlow le informaron a los medios que la preferencia del presidente americano era por negociar bilateralmente, es decir, con cada país por separado. Trump estaba frustrado con los pocos resultados de las negociaciones y creía que de esta forma sería más probable conseguir concesiones de Canadá y de México.

Y ahora, el viernes pasado (6 de julio) las baterías de la administración Trump se enfilaron en China. Con el argumento de prácticas de comercio injustas, de sacarle ventaja a empresas americanas a través de la apropiación de propiedad intelectual (lo cual bien puede ser cierto) y de producir un gigantesco déficit comercial se anunció que en una primera instancia, 818 productos importados de China, que pueden valer $ 34,000 millones, tendrán un arancel del 25 %. La respuesta de China no se hizo esperar: a través de un portavoz del gobierno chino se comunicó que habría una retaliación en la misma cuantía sobre productos escogidos para pegarle a las zonas del país que eligieron al presidente, entre ellos el cerdo, la soya, el whisky Jack Daniels y las motocicletas Harley Davidson.

Esto es apenas la primera andanada entre todos estos países y los Estados Unidos. Es probable que Trump siga aumentando el número de productos afectados con estas medidas y es predecible que todos los países, y en especial China, responderán con medidas equitativas.

¿Quién gana de todo esto? En una de sus recientes declaraciones, Trump ha dicho que ”las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar.” Según la mayoría de economistas que le hacen seguimiento a estos temas, incluyendo el Premio Nobel Paul Krugman que escribe periódicamente en el New York Times, la verdad es exactamente lo contrario: las guerras comerciales son desastrosas y no las gana nadie. Veamos un corto resumen de las principales guerras comerciales recientes.

A raíz de los efectos de la Gran Depresión sobre la economía, dos congresistas americanos de nombre Reed Smoot (senador) y Willis Hawley (representante) lograron pasar el decreto que lleva sus nombres, el famoso Smoot-Hawley Tariff Act de 1930, en que se aumentaban a 45 % en promedio los aranceles sobre las importaciones americanas. Lo que inicialmente habían presentado los dos congresistas como una protección a los agricultores terminó adicionando productos de todos los estados que también buscaban protección en esta mala hora. Este decreto, según los estudiosos de la Gran Depresión, es el responsable de que la depresión haya durado tanto (para algunos hasta 1937, para otros hasta 1945) y haya sido tan devastadora. La razón es que hubo una retaliación inmediata de los socios comerciales de EE.UU., como por ejemplo los países europeos que también aumentaron sus aranceles al mismo nivel. El resultado fue que todo el comercio mundial se estancó y fue necesaria la reunión en Bretton Woods en 1944 para que se dieran las bases del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), un acuerdo que negociaría ocho rondas entre 1948 y 1995 para rebajar aranceles de los altos niveles del decreto Smoot-Hawley a aproximadamente un 3-4% en promedio.

Un segundo conflicto más reciente fue el de Japón con Estados Unidos en los años 80. El país asiático había sido extraordinariamente exitoso en la fabricación de bienes de consumo durable, como los televisores y los automóviles, y había despertado envidia y rencor de parte del gobierno y los empresarios americanos. En 1984, el candidato demócrata a la presidencia, Walter Mondale, diría: “Tenemos que dejar de perseguir esa bandera blanca y empezar a seguir la bandera americana, peleando para hacer a América el número uno otra vez.” Digno de Trump.

Pasaron alrededor de 12 años antes de que se resolviera esta guerra comercial con Japón. Al final se aceptaron cuotas “voluntarias” de importación por parte de Japón y se trasladaron muchas fábricas de automóviles japonesas a Estados Unidos, evitando así cualquier arancel o barrera comercial. También se abrieron algunos sectores protegidos japoneses, e indudablemente facilitó la resolución del conflicto el hecho de que Japón era prácticamente un protectorado americano, todavía dependiendo de las tropas estadounidenses presentes en su territorio para su defensa nacional.

Las repercusiones de las medidas tomadas por Trump son difíciles de calcular. De seguro esto significará un aumento de precios para los consumidores americanos en los productos importados afectados con estas medidas. En la medida que estos consumidores sean fabricantes de productos que utilizan insumos importados, los aranceles pueden hacer menos competitivas las exportaciones americanas (justo lo contrario de lo que dice la administración Trump que debería ocurrir). Y si los aranceles perjudican a alguna de las cadenas globales de proveeduría que sostienen hoy en día a las multinacionales ya sea en México, en China o en los mismos Estados Unidos, es probable que salgan perdiendo las empresas americanas que se han esforzado por bajar sus costos con estas cadenas a fin de competir en el mercado internacional.

Ya hay empresarios americanos que se han empezado a manifestar sobre estos aranceles. Los fabricantes de autopartes que en algunos casos importan alguna parte de sus piezas de China ven con preocupación el aumento de costos que tendrán que pasarle a las empresas automotrices y que podría hacer menos competitivos estos carros, entre otros dentro del mercado chino. La empresa de motocicletas Harley Davidson anunció sus planes de empezar a fabricar por fuera de Estados Unidos para evitar estos costos más altos y resolver el problema de la inestabilidad que dan estas medidas que en cualquier momento se pueden ampliar o remover.

Los socios comerciales de Estados Unidos están posponiendo planes de inversión en este país y buscando otros mercados alternativos para diversificar su riesgo frente a una administración impredecible. El daño al comercio internacional puede ser muy grande en la medida que todos estos miedos lleven a buscar nuevos proveedores y clientes para blindarse de los efectos de un conflicto comercial mayor en la medida en que aumenten las retaliaciones de los países afectados.

¿Y qué ganará Trump con todo esto? Él se precia de ser buen negociador. Y seguramente algunos países pequeños acabarán cediendo a la presión americana de cambiar los términos en que comercian. Pero al final de cuentas en una guerra comercial no acaba ganando nadie. Parece un riesgo muy alto para ganar algunas concesiones adicionales cuando en verdad un país como Estados Unidos no las necesita. Los perdedores serán los consumidores y empresarios que compran estos productos con mayores aranceles: se aumentarán los precios de éstos porque la administración Trump espera intimidar a terceros países a fin de acabar con lo que considera una verdadera injusticia: el déficit comercial americano.

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