¿DE UN DICTADOR A OTRO EN ZIMBABUE?

Hijo de campesinos, a los 16 años ya estaba curtido como luchador a favor de la libertad, estudió para ser abogado y ascendió hasta convertirse en el jefe del temido servicio de inteligencia de su nuevo país. Conocido como el Cocodrilo, una vez explicó su apodo al decir: “Ataca en el momento preciso”.

Emmerson Mnanagagwa, el vicepresidente de Zimbabue hasta que lo despidieron el 8 de noviembre de 2017, es el nuevo presidente, después de que el ejército se llevó detenido al expresidente Robert Mugabe y este terminó por renunciar después de que la nación del sur de África estuvo sumida varios días en la incertidumbre.

Aún no se sabe cuál fue el papel que Mnangagwa, de 75 años, desempeñó en lo que parece haber sido un golpe de Estado realizado por sus aliados en el ejército, pero los funcionarios y observadores de su ascenso al poder dicen que comparte ciertos rasgos con Mugabe: tiene hambre de poder, es corrupto y domina la represión.

“Sus actos crueles son numerosos”, dijo Peter Fabricius, un periodista sudafricano y uno de los muchos observadores que temen que Zimbabue esté pasando de un líder autoritario a otro.

Al despedir a Mnangagwa, Mugabe —el dirigente de Zimbabue desde que se hizo independiente en 1980 y quien, a los 93 años, era el jefe de Estado más anciano del mundo— puede haberse pasado finalmente de la raya, escogiendo a un antiguo aliado con credenciales de la guerra de independencia y una profunda base de poder propia.

Muchos vieron el despido como una acción que abría el camino para que Grace Mugabe, la primera dama, sucediera al recién dimitido presidente en el cargo, pero ella —ampliamente rechazada por su temperamento volátil y sus gustos costosos— prácticamente carece de apoyo entre los militares y agentes de inteligencia, quienes tienen un firme control sobre el país.

Para cuando Mnangagwa fue despedido, la enemistad entre el vicepresidente y Grace Mugabe se había hecho pública. La acusó de tratar de asesinarlo con helado envenenado proveniente de su granja de lácteos, lo que ella niega.

Conforme Zimbabue avanza a una transición, los ánimos en el país están apagados.

La mayoría de los ciudadanos se regocijan por la caída de los Mugabe, cuyo control político absoluto no hizo sino arruinar la economía y alienar a gran parte de la población. Sin embargo, muchos ven el relevo en el poder como un síntoma de la lucha intestina y la división generacional que enturbia al partido gobernante, el ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico), y no una verdadera oportunidad de tener una democracia multipartita ni una reforma económica.

Un grafiti en Harare en el que se lee: “We want garwe” (Queremos a garwe), que significa cocodrilo, en referencia al apodo de Mnangagwa

También se teme por la relación de Mmangagwa con algunos de los peores momentos de la era de Mugabe: se acusó al próximo presidente de orquestar las medidas de la década de los ochenta por las cuales miles de miembros del grupo étnico ndebele fueron asesinados. Fue un defensor ávido de la política económica más controvertida de Mugabe: la expropiación y redistribución de la tierra que había estado en manos de los agricultores blancos desde la época colonial.

También se le acusó de estar detrás de la violencia mortal que amañó la votación en 2008 a favor de Mugabe, lo cual niega.

“Hay una dosis saludable de turbulencia porque saben que el hombre que podría tomar el control no es el ‘señor Democracia’”, dijo Wilf Mbanga, editor de The Zimbabwean, un periódico en línea. “Su récord no es impresionante. Tiene un pasado sucio. ¿Va a ser más limpio? No lo sabemos”.

Emmerson Dambudzo Mnangagwa nació el 15 de septiembre de 1942, en Zvishavane, un pueblo minero, y es hijo de agricultores políticamente activos.

Su padre participó en el movimiento de resistencia en contra de los colonizadores blancos; su activismo político obligó a la familia a huir a lo que hoy es Zambia. “Nació dentro de la política”, dijo Victor Matemadanda, secretario general de la Asociación Nacional de la Guerra de Liberación de Zimbabue, quien fue subordinado de Mnangagawa en el ejército.

Al igual que su rival Grace Mugabe, Mnangagwa es muy impopular en algunas partes del país. Perdió su escaño en el parlamento por lo menos dos veces, una después de que se le acusó de poner una bomba en la casa de su oponente, de acuerdo con Mbanga, editor de The Zimbabwean.

En los últimos años, Mnangagwa ha tratado de reformar su escabroso pasado, presentándose como defensor de la reforma agraria y propulsor de esfuerzos para restaurar la relación de Zimbabue con inversionistas extranjeros e instituciones internacionales, incluyendo al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.

Aunque la reciente acción militar contra Mugabe inició con el despido de Mmangagwa, hay reportes sobre que el seudogolpe se había planeado varias semanas antes y que altos mandos del ejército habían consultado con oficiales de Sudáfrica y China.

Los orígenes del apodo Cocodrilo no son claros. Algunos dicen que era el seudónimo de Mnangawa durante la lucha por la liberación; otros dicen que se deriva del nombre de su familia.

Matemandanda, el veterano del ejército, abundó en el sobrenombre durante una entrevista telefónica reciente.

“Un cocodrilo espera pacientemente a su presa, fingiendo ser una piedra”, dijo. “A veces, piensas que no reacciona, que no tiene una solución para lo que está pasando. No se muestra irritado sino hasta el momento propicio y entonces ataca. Y, cuando lo hace, no falla”.

EL CAPITALISMO TIENE UN PROBLEMA… ¿SE PUEDE SOLUCIONAR REGALANDO DINERO?

No hace falta tener una credencial de revolucionario para deducir que el capitalismo global tiene un problema.

En la mayor parte del mundo, los trabajadores enfurecidos denuncian la escasez de empleos con sueldos que permitan aspirar a una vida de clase media. Los economistas intentan resolver el crecimiento cada vez menor de los salarios, justo cuando los robots están listos para remplazar a millones de trabajadores humanos. En la reunión que se celebra cada año en el complejo turístico suizo de Davos donde se reúne la élite mundial, los multimillonarios caciques financieros debaten la manera de hacer que el capitalismo sea más amable con las masas para apaciguar al populismo.

He aquí el ingreso básico universal.
La idea es ganar terreno en muchos países con una propuesta que suavice los bordes del capitalismo. A pesar de que los detalles y las filosofías varían de lugar en lugar, la noción general es que el gobierno otorga cheques a todo el mundo de forma regular, sin importar el ingreso de cada uno o si están trabajando. El dinero garantiza el alimento y el techo para todos, y, al mismo tiempo, elimina el estigma del apoyo gubernamental.

Hay quienes consideran que el ingreso básico es una manera de dejar que las fuerzas del mercado hagan su magia implacable por medio de la innovación y el crecimiento económico, mientras tienden un colchón para los que fracasan. Otros lo presentan como un mecanismo para liberar a la gente de los trabajos miserables que solo permiten vivir en niveles de pobreza: los trabajadores podrían organizarse para tener mejores condiciones o dedicarán más tiempo a sus capacidades artísticas. Otra escuela lo percibe como la respuesta necesaria para una época en la cual ya no se puede depender del trabajo para financiar las necesidades básicas.

“Cada vez estamos ante una mayor precariedad de empleos”, aseguró Karl Widerquist, un filósofo de la Universidad de Georgetown, campus Catar, y un defensor prominente de una red universal de seguridad social. “El ingreso básico da al trabajador el poder de decir: ‘Bien, si Walmart no me va a pagar lo suficiente, entonces ya no voy a trabajar ahí’”.

Es evidente que el ingreso básico universal es una idea que trae un impulso. A inicios de este año, Finlandia comenzó un experimento de dos años de ingreso básico a nivel nacional. Recientemente, en Estados Unidos, se completó una prueba en Oakland, California, y se está a punto de lanzar otra en la ciudad cercana de Stockton, una comunidad que fue golpeada por la Gran Recesión y la consecuente epidemia de ejecuciones hipotecarias.

La provincia canadiense de Ontario está inscribiendo a participantes para una prueba de ingreso básico. Varias ciudades de Países Bajos están explorando qué pasa cuando entregan subsidios en efectivo sin condiciones a gente que ya recibe alguna forma de apoyo gubernamental. Una prueba similar se está llevando a cabo en Barcelona, España.

Una organización sin fines de lucro, GiveDirectly, está por afianzar un plan para otorgar subsidios universales en efectivo en las zonas rurales de Kenia.

Durante siglos, el concepto del ingreso básico se ha presentado con varias apariencias y ha ganado adeptos en una franja sorprendentemente amplia del espectro ideológico: desde Tomás Moro, el filósofo social de Inglaterra, hasta el revolucionario estadounidense Thomas Paine.

Se podría suponer que el agitador y populista Huey Long, gobernador de Luisiana, el icono de los derechos civiles Martin Luther King Jr. y el economista del liberalismo Milton Friedman coincidirían en muy poco; sin embargo, todos defendieron una versión del ingreso básico.

Una clara señal de la aceptación que tiene el concepto en la actualidad fue que, hace poco tiempo, el Fondo Monetario Internacional —una institución que no es propensa a tener sueños utópicosexploró la posibilidad de que el ingreso básico universal fuera un bálsamo para la desigualdad económica.

No a todos les gusta la idea. Los conservadores están inquietos porque creen que regalar dinero libre de obligaciones hará que las personas se vuelvan haraganes dependientes de los subsidios.

En el contexto estadounidense, cualquier conversación relacionada con una forma verdaderamente universal de ingreso básico también choca con la aritmética. Si todos los estadounidenses tuvieran 10.000 dólares al año —una suma que sigue estando debajo de la línea de pobreza para un individuo—, la cuenta llegaría a tres billones de dólares al año. Esta cantidad es casi ocho veces lo que Estados Unidos gasta en la actualidad en programas de servicio social. Fin de la conversación.

Los economistas estadounidenses que analizan el empleo son especialmente precavidos respecto del ingreso básico, debido a que los programas de seguridad social en Estados Unidos han sido recortados de manera significativa en décadas recientes, y los beneficios sociales, los de desempleo y los cupones para alimentos han sufrido una variedad de restricciones. Si el ingreso básico remplazara estos componentes con un programa gigante —la propuesta que podría ser del agrado de los libertarios—, cabe la posibilidad de que este se convierta en un gran blanco para más recortes presupuestales.

“Es probable que millones de personas terminen peor”, declaró en una reciente entrada de blog Robert Greenstein, presidente del Center on Budget and Policy Priorities, una institución de investigación con sede en Washington. “Si estuviéramos empezando desde cero —y nuestra cultura política fuera más parecida a la de Europa Occidental—, el ingreso básico universal podría ser una verdadera posibilidad. Pero no es el mundo en el que vivimos”.

Además, algunos defensores de los trabajadores desestiman el ingreso básico porque lo conciben como una forma errónea de enfrentar el problema real de no tener suficientes salarios de calidad.

“La gente quiere trabajar”, aseguró el economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz, cuando se le preguntó a principios de año sobre el ingreso básico. “La gente no quiere apoyos financieros”.

No obstante, algunos de los experimentos de ingreso básico que se están llevando a cabo han sido diseñados precisamente para animar a las personas a trabajar y que al mismo tiempo limiten su contacto con la asistencia pública.

En la prueba en Finlandia, los desempleados están recibiendo la misma cantidad de dinero que ya estaban obteniendo como beneficio de desempleo, pero los eximieron de las obligaciones burocráticas. La apuesta es que las personas utilicen el tiempo que están desperdiciando en solicitudes para obtener una capacitación que mejore sus carreras, para empezar negocios o para tener trabajos de medio tiempo. La prueba está remplazando un sistema en el que la gente que vive de los beneficios del Estado se arriesga a perder el apoyo si garantiza otro ingreso.

En resumen: se está presentando al ingreso básico no como un permiso para que los finlandeses holgazaneen en el sauna, sino como un medio para mejorar las fuerzas de destrucción creativa que son tan fundamentales para el capitalismo. Según esta lógica, una vez que el sustento haya dejado de ser una preocupación, las empresas débiles podrán cerrar sin inquietarse por las personas que se quedan desempleadas y asimismo liberarán capital y talento para operaciones más productivas.

De manera similar, las pruebas en Holanda, que se realizaron a nivel municipal, están orientadas a reducir la burocracia del sistema de desempleo. El experimento en Barcelona tiene el mismo objetivo.

Silicon Valley ha aceptado el ingreso básico como un elemento crucial para implementar la automatización de forma continua. Mientras los ingenieros buscan nuevas maneras de remplazar a los trabajadores humanos con robots, los financieros se concentran en el ingreso básico como un remplazo de los sueldos.

Un grupo activista conocido como Economic Security Project, entre cuyos financiadores se encuentra el cofundador de Facebook Chris Hughes, cubre los gastos del experimento en Stockton, California: el primer gobierno municipal que está listo para probar el ingreso básico. La prueba dará comienzo el próximo año; aún no se ha divulgado la cantidad de residentes que recibirán 500 dólares al mes.

La prueba en Oakland fue obra de Y Combinator, una incubadora de empresas emergentes. Sus investigadores entregaron diversos subsidios a algunas decenas de personas como una simple prueba de viabilidad para el ingreso básico.

La siguiente fase es mucho más ambiciosa. Los investigadores de Y Combinator planean distribuir subsidios a 3000 personas con ingresos por debajo del promedio en dos estados no revelados de Estados Unidos. Entregarán 1000 dólares al mes a 1000 personas, sin compromiso, y 50 dólares al mes al resto, con lo cual podrán comparar cómo utilizaron el dinero las personas que hayan recibido el subsidio y qué impacto ha tenido en sus vidas.

Un elemento clave de la iniciativa del ingreso básico es la suposición de que la gente pobre está en mejor posición que los burócratas para determinar cuál es el uso más benéfico del dinero de ayuda. En vez de obligar a que los receptores del dinero se enfrenten a reglas complejas y a un despliegue aturdidor de programas, lo mejor es simplemente dar dinero a la gente y dejarla decidir cómo usarlo.

Esta es una idea central del programa de GiveDirectly en Kenia, donde hace un año comenzó un estudio piloto en el cual se entregaron pequeños subsidios de efectivo sin condiciones a residentes de un solo pueblo: cerca de 22 dólares al mes. El programa está expandiendo sus miras, pues planea entregar subsidios a casi 16.000 personas en 120 pueblos.

Desde el punto de vista de la investigación, aún son las primeras etapas del ingreso básico, un momento para experimentar y evaluar antes de que se inviertan grandes cantidades de dinero en un nuevo modelo de asistencia pública.

No obstante, desde un punto de vista político, el ingreso básico parece haber encontrado su momento, el cual llegó a causa de las ansiedades de los más pobres y los trabajadores respecto de los ricos, quienes perciben la creciente desigualdad como un detonador potencial para ver muchedumbres blandiendo horquetas.

“El interés está surgiendo en todas partes”, afirmó Guy Standing, un investigador asociado a la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. “Los debates que se están teniendo gozan de una fertilidad extraordinaria”.

LA CIENCIA PODRÍA HABER DESCUBIERTO EL SECRETO DE LA LONGEVIDAD

Como una de los excesivamente raros miembros de su especie en vivir más allá de los 110 años, Goldie Michelson divulgó sus secretos para la longevidad incontables veces antes de morir el año pasado a los 113 años.

“Caminatas por la mañana y chocolate”, le decía la habitante de Worcester, Massachusetts, y alguna vez la estadounidense viva de mayor edad, al constante flujo de curiosos que marcó sus últimos años.

A diferencia de los crecientes grupos de nonagenarios y centenarios, aquellos que llegan a la decimosegunda década, conocidos como supercentenarios, rara vez enfrentan enfermedades o incapacidad prolongadas antes de morir, un beneficio que muchos de ellos han atribuido a sus hábitos personales.

“Trato de vivir conforme a la verdad”, dijo Shelby Harris, quien lanzó la primera bola en el juego inaugural de la temporada 2012 del equipo local de ligas menores pocos meses antes de morir a los 111 años en Rock Island, Illinois. Emma Morano de Verbania, Italia, quien aún cocinaba su pasta hasta unos cuantos años antes de morir en abril pasado a los 117 años, recomendaba comer huevos crudos y no tener marido.

Sin embargo, a pesar de regodearse en la idea de que una longevidad excepcionalmente sana puede explicarse por el estilo de vida, todos accedieron a donar ADN a un esfuerzo privado para encontrar los secretos que guardan los genes supercentenarios.

Las secuencias genéticas completas de Michelson, Harris y Morano se encuentran entre los cerca de 35 genomas de supercentenarios norteamericanos, caribeños y europeos que una organización sin fines de lucro llamada Betterhumans puso a la disposición de cualquier investigador que quiera profundizar en ellos.

Unos cuantos genomas adicionales provienen de personas que murieron a los 107, 108 o 109 años. Si se puede demostrar que patrones inusuales en sus 3000 millones de pares de adenina, citosina, guanina y timina —las nucleobases que conforman todos los genomas— han prolongado su vida y protegido su salud, señala la lógica, es concebible que pudiera crearse un medicamento o una terapia genética para replicar esos efectos en el resto de nosotros.

“Espero que encuentren algo que le haga bien a alguien”, dijo Clarence Matthews, de 110 años. Como una contribución final a la base de datos, Matthews permitió que le sacaran sangre el año pasado en su casa en Indian Wells, California, mientras yo estaba a su lado mirando.

Obtener muestras genéticas de supercentenarios no fue fácil: fue difícil encontrarlos y, en ocasiones, murieron antes de poderles tomar muestras.

El excepcional almacenamiento de genomas de supercentenarios, el más grande hasta ahora que se ha secuenciado y hecho público, se da en un momento en que los estudios de longevidad comunes han brindado pocas pistas sólidas sobre el envejecimiento sano. Al parecer son el estilo de vida y la suerte los factores de peso para que la gente viva hasta los 90 o 100 años.

Parece que el grado en que cuentan con una ventaja genética proviene en parte de haber heredado menos de las variaciones comunes de ADN que se sabe elevan el riesgo de presentar cardiopatías, enfermedad de Alzheimer y otras afecciones.

Eso no es suficiente, afirman algunos científicos, para explicar lo que llaman “supervivencia realmente rara”, ni por qué los supercentenarios son más sanos que los centenarios en sus últimos meses y años. Así que los científicos sugieren que los supercentenarios podrían poseer un código genético que los protege activamente contra el envejecimiento.

Las secuencias de ADN divulgadas fueron obtenidas casi exclusivamente por James Clement, de 61 años.

Un autoproclamado científico ciudadano, Clement recolectó sangre, piel o saliva de supercentenarios de catorce estados de Estados Unidos y otros siete países en un periodo de seis años. Muchos aún trabajaban en su jardín, discutían, conducían y coqueteaban.

Los rasgos complejos, como la estatura, el índice de masa corporal y riesgos de enfermedades —fenotipos, como se conocen en el léxico de la genética—, por lo general surgen de la combinación de cientos de lugares en el genoma en el que el alfabeto del ADN difiere entre los individuos.

Detectar cuáles variaciones afectan a cuáles fenotipos requiere de la potencia estadística de decenas de miles de muestras de ADN: casi seguro un impedimento entre los supercentenarios, cuya cantidad comprobada, a nivel mundial, es de alrededor de 150.

Los genealogistas aficionados dedicados a validar la edad de las personas más ancianas del mundo calculan que incluso el total no comprobado es de solo cerca de mil (en largas extensiones del planeta, donde los registros de nacimiento son escasos o nulos, identificar a supercentenarios comprobados es virtualmente imposible).

Aun así, algunos investigadores esperan que, a pesar de la cantidad limitada de genomas disponibles, será posible identificar el ingrediente secreto de los supercentenarios con métodos utilizados para descubrir la base genética de otras enfermedades raras. Nadie sabe con exactitud cuántos genomas podrían ser necesarios.

“Esto es lo que llamamos un ‘fenotipo extremo’”, dijo el genetista de Harvard George Church, quien se encargó de la secuenciación de los genomas para que Clement pudiera divulgarlos a través de una organización sin fines de lucro. “Mientras más avances en la campana de Gauss, más probable es que encuentres algo, aun con una muestra de tamaño pequeño”.

Aunque la meta de hacer más lento el envejecimiento para ampliar el “periodo sano” humano ha ganado terreno en la ciencia establecida, la investigación ha estado en gran medida limitada a estudios con animales.

Se dice que una no muy famosa filial de Google llamada Calico, acrónimo de California Life Company, analiza el genoma de la rata topo lampiña, célebre por una supervivencia diez veces más larga que la de la mayoría de sus primas ratas.

Científicos que trabajan con fondos federales están probando un medicamento en monos basado en un experimento que duplicó la vida de lombrices intestinales. En laboratorios de todo el mundo, los marcadores de edad de ratones, ratas y peces killis turquesa ancianos han sido, a veces, revertidos.

Sin embargo, lo que funciona en organismos de vida corta a menudo no se traduce a los humanos, cuya supervivencia promedio en países desarrollados se acerca a los 80 años. Así que, a pesar de las limitaciones de la base de datos de Clement, varios investigadores prominentes ya han expresado interés en ella.

“Esto podría demostrar la utilidad de comenzar una colección más grande”, dijo Paola Sebastiani, una investigadora de la longevidad de la Universidad de Boston.

Un recuento de lo que Clement llama el Proyecto de Investigación de Supercentenarios ofrece un vistazo a lo que podría implicar, incluyendo la perseverancia, la compasión y un sentido del humor que tiende a ser negro.

Vida o muerte
Fue un comienzo poco auspicioso, admitió en un correo electrónico que envió Clement en enero de 2011 a un amigo. La primera supercentenaria que Clement había conseguido citar, Mississippi Winn, había muerto a los 113 años antes de que él pudiera llegar de su casa en San José, California, a la de ella en Shreveport, Luisiana.

No fue la única vez. Después de esa edad, aprendió pronto Clement, la probabilidad de morir en el año siguiente es de aproximadamente el 66 por ciento.

“Puede ser que incluso cuando estás guardando tus cosas en el auto, la persona se enferme y diga que no puede recibirte”, dijo Clement, después del primero de varios planes para que yo presenciara una donación de ADN que se canceló de pronto.

Clement podría extraer ADN de muestras post mortem, con permiso de la familia y asumiendo que pudiera llegar al lugar del funeral a tiempo. También es posible la exhumación, en teoría, para obtener muestras.

Sin embargo, por razones comprensibles, dijo, los miembros de la familia por lo general dejan de comunicarse con él cuando el supercentenario muere. Para mejorar las probabilidades de obtener muestras —y de que haya un balance de género, puesto que los supercentenarios son casi en su totalidad mujeres— bajó su edad objetivo de 110 a 106 años.

“Es mejor llegar cuando están vivos”, dijo.

Guiado por la lista de correo de las Personas Más Ancianas del Mundo, cuyo moderador, Robert D. Young, verifica las edades en nombre de los Récords Mundiales de Guinness y rastrea a los supercentenarios para el Grupo de Investigación Gerontológica, Clement puso alfileres para marcar las ubicaciones de posibles participantes en un mapa colgado en la pared de su oficina en casa.

Creó alertas de Google para las frases “cumpleaños 109”, “cumpleaños 110” y “cumpleaños 111”, y para los obituarios de supercentenarios conocidos.

A diferencia de muchas zonas llamadas azules, donde se dice que los supercentenarios están agrupados, no hay un acceso directo geográfico para captarlos. Así que llamó, mandó correos electrónicos y solicitudes de amistad en Facebook a cualquier contacto que pudiera encontrar, en cualquier lugar que pudiera hallarlo.

 “Me quito el sombrero por alguien dispuesto a dedicar unos momentos de su vida para ir a conseguir estas preciadas muestras”, dijo Church, el genetista de Harvard, que ha dedicado una parte de su laboratorio a investigar cómo revertir el envejecimiento.

Según creía Church, no era probable detectar el tipo de mutaciones extremadamente raras que quizá los supercentenarios albergan mediante técnicas estándar, que solo escanean los lugares en el genoma donde ya se sabe que el ADN varía entre individuos.

Buscar variaciones aún no catalogadas requeriría una secuenciación de la totalidad de las 6000 millones de letras genéticas de los supercentenarios, un procedimiento mucho más costoso. Cuando él y Clement hablaron por primera vez sobre esa idea en 2010, el costo era de cerca de 50.000 dólares por genoma.

Pero el precio estaba reduciéndose y, con el apoyo financiero de un puñado de personas ricas con ideas parecidas que aceptaron invertir en la fase exploratoria del proyecto, “simplemente parecía algo que podría hacer”, dijo Clement.

Clement descubrió rápidamente 2500 diferencias entre el ADN de los supercentenarios y los de los sujetos de referencia. Sin embargo, incluso con la ayuda de los estudiantes de posgrado del laboratorio de Church, era difícil saber a partir de ese grupo tan pequeño cuáles, en su caso, eran significativas.

Así que en los siguientes años, Clement —quien trabajaba sin cobrar un salario— recolectó muestras donde pudo y añadió otra decena de supercentenarios de todo Estados Unidos.

A principios del año pasado, una compañía confundada por Church, Veritas Genetics, anunció que haría la secuencia de genomas humanos por 1000 dólares cada uno. Church le dijo a Clement que Veritas secuenciaría las muestras restantes, así que se dispuso a recolectar algunas más.

El consejo del hombre más anciano de Estados Unidos
Al preguntarle cómo podría uno vivir una vida larga, sana y feliz, Matthews ofreció un consejo: "Sigue respirando". Credit Ivan Kashinsky para The New York Times
El prospecto de modificar el promedio de supervivencia de hoy en día al límite conocido de toda la humanidad es desconcertante. Una expectativa de vida promedio de 80 años parece generoso de varias maneras —era de solo 48 cuando Matthews nació, en 1906—. La mayoría de nosotros espera estar cerca de 80 años en el planeta, asumiendo que no pase nada terrible.

“Cuando tienes hijos por primera vez, no vienen con un manual, y tampoco hay un manual para cuando tu papá cumple 100 años, luego 105 y luego 110”, dijo el hijo de Matthews, Steve, de 75 años, quien también donó sangre el día que los visitamos.

Sin embargo, Matthews afirmó sin dudarlo que aún disfruta de la vida. Sus placeres incluyen el licuado que se toma en el almuerzo, su familia, la amabilidad de su cuidador y —esto en referencia al fotógrafo de The New York Times y una sonrisa entusiasta— “que me tomen fotos”.

A los 110 años, dijo que nunca le habían diagnosticado una enfermedad grave. El hijo de Matthews recordó que su padre tuvo un gran desempeño cuando jugó un partido de golf de dieciocho hoyos en su cumpleaños número 99. Gracias a que creó un negocio exitoso de bienes raíces, le brindó apoyo financiero a su última hermana viva, que tenía 105 años.

El hombre más anciano de Estados Unidos en ese momento, a Matthews a veces le costaba trabajo escuchar, pero su sentido del humor y su perspectiva estaban intactos. Si eso era lo que queríamos, “sigan respirando”, nos aconsejó.

Matthews murió este verano. Se hizo la secuencia de su ADN unas semanas después, y el mes pasado Clement la subió a la base de datos.

Aún no se sabe si, en combinación con los genomas de sus compañeros supercentenarios, contiene el secreto para una vida larga, saludable y feliz.

EL PRÍNCIPE DE ARABIA SAUDITA AUMENTA LAS TENSIONES EN MEDIO ORIENTE

Con el respaldo tácito de su padre, el príncipe heredero de 32 años de Arabia Saudita se ha convertido en la figura más poderosa del mundo árabe.

El príncipe heredero Mohamed bin Salmán ordenó recientemente el arresto de once príncipes de la familia real y casi doscientos miembros de la élite empresarial saudita, además de que ha comenzado a quitarles poder a los clérigos conservadores del reino. Ha impuesto un bloqueo a la vecina Catar, acusó a Irán de actos de guerra y alentó la renuncia del primer ministro de Líbano. En Yemen, sus fuerzas armadas combaten a una facción alineada con Irán en una complicada guerra que ha creado una crisis humanitaria.

El príncipe heredero se ha movido tan rápido que a los funcionarios estadounidenses y a los burócratas de otros países les preocupa que esté desestabilizando la región. Las señales de un posible contraataque aumentan.

Los inversionistas, nerviosos por sus planes, han estado sacando su dinero del reino. El príncipe Mohamed ha buscado contrarrestar la fuga de capitales presionando a los detenidos y a otros para que entreguen sus activos.

Los defensores del príncipe Mohamed dicen que simplemente está tomando las medidas drásticas necesarias para cambiar la economía del reino, dependiente del petróleo, al tiempo que repele la agresión iraní.

Sin embargo, analistas de la región debaten si esa precipitación podría estar provocada más por un deseo de consolidar el poder antes de una posible sucesión real, por una desesperación por efectivo para pagar sus planes o simplemente una ambición desenfrenada de dejar su marca en el Medio Oriente. A pesar del entusiasmo que muestra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por el príncipe, algunas personas en el Departamento de Estado, el Pentágono y las agencias de inteligencia estadounidenses dicen que temen que su impulsividad pueda obstaculizar sus propios objetivos y desestabilizar la región.

“Ha decidido no hacer nada con cautela”, dijo Philip Gordon, el coordinador para Medio Oriente de la Casa Blanca en el gobierno de Barack Obama. Sin embargo, agregó: “Si el príncipe heredero aísla a demasiados príncipes y otros pilares del régimen, busca costosos conflictos regionales y asusta a los inversionistas extranjeros, podría minar las posibilidades de las reformas que está tratando de implementar”.

Las amenazas del príncipe heredero en contra de Irán y Líbano han hecho surgir el espectro de guerras que el ejército saudita, ya embrollado en Yemen, no está preparado para pelear. Riad quedaría obligada a depender de Estados Unidos o Israel en cualquier nuevo conflicto.

Con la caída del precio del petróleo en los últimos años, Arabia Saudita ha congelado proyectos y ha gastado más de un tercio de sus reservas financieras, reduciéndolas a cerca de 475.000 millones de dólares este otoño a partir de un pico de 737.000 millones de dólares en agosto de 2014. A esa velocidad de gasto, al reino le quedan pocos años para elevar sus ingresos o recortar sus gastos y así evitar una crisis financiera.

Ante ese escenario, los defensores del príncipe argumentan que la campaña anticorrupción busca recuperar cientos de miles de millones de dólares que se han fugado del presupuesto estatal a través de la corrupción y la autodistribución, dinero que necesita para financiar sus planes de desarrollo.

El príncipe Mohamed había solicitado durante meses a los ricos del reino invertir en su programa de modernización. Pero algunos se han quejado de que sus planes —como un nuevo centro de negocios de 500.000 millones de dólares “para los soñadores del mundo”, construido desde cero y alimentado por completo con energía limpia— no estaban bien concebidos y eran muy exagerados, así que en lugar de invertir en casa movieron sus activos al extranjero.

Ahora, ya no solo les está pidiendo. El gobierno saudita está presionando a los detenidos y a otros para que entreguen grandes sumas a cambio de un mejor trato, de acuerdo con los socios de la familia real y lo que informaron a un funcionario estadounidense sobre las medidas extremas. Los empleados de algunos de los arrestados habían sido convocados meses antes para responder a preguntas sobre sus jefes, una señal de que la purga se planeó con anticipación.

Un importante funcionario saudita que defiende las medidas dijo que su objetivo era mostrar que las viejas reglas de negocios en el reino habían cambiado.

“La corrupción se da a todos los niveles y hay cientos de miles de millones de riales que se pierden de la economía nacional anualmente”, dijo el funcionario, quien habló con la condición de que se mantuviera su anonimato. “El punto aquí fue sobre todo impactar el sistema, enviar un mensaje de que esto ya no se tolerará y de que nadie es impune”.

La corrupción ha sido tan endémica durante tanto tiempo —de los contratos gubernamentales inflados para grandes proyectos a sobornos simples para obtener un pasaporte— que innumerables sauditas han participado en ella. Aun así, parece que se ha dejado en paz a algunos príncipes con una reputación de corrupción conspicua, lo que hace surgir preguntas acerca de quiénes son blancos y por qué.

Trump eligió a Arabia Saudita para el primer viaje al extranjero de su presidencia y el príncipe Mohamed y Jared Kushner han establecido una cercanía tan estrecha que otros funcionarios estadounidenses dicen que no se les informa sobre lo que hablan.

“Tengo una gran confianza en el rey Salmán y el príncipe heredero de Arabia Saudita; saben exactamente lo que hacen”, escribió Trump en Twitter después de que comenzaron los arrestos. “Algunos de los que están siendo tratados con dureza habían estado ‘ordeñando’ a su país durante años”.

LA LEY CONTRA EL ODIO BUSCA ACABAR CON LOS VESTIGIOS DE DEMOCRACIA EN VENEZUELA


La “Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia”, que fue aprobada a principios de mes en Venezuela, nació con un defecto de fábrica: es profundamente antidemocrática. Eso dejando de lado que fue elaborada por una Asamblea Nacional Constituyente ilegítima que usurpó las funciones constitucionales de una Asamblea Nacional electa por seis millones de venezolanos en diciembre de 2015.

La ley promete promover la paz, la diversidad y la tolerancia a través de la penalización de un discurso que promueva el odio, la violencia y la discriminación. Según el gobierno, el fin último de la ley es proteger a la nación. No obstante, sus mecanismos suprimen el libre ejercicio del derecho a la libertad de expresión y fomentan la censura y la autocensura al otorgar al Estado el poder para sancionar a medios de comunicación tradicionales y digitales, bloquear sitios de Internet, eliminar contenidos, revocar licencias e imponer penas de cárcel de hasta 20 años. Estas disposiciones quebrantan los principios democráticos de la libertad de expresión.

La llamada “ley contra el odio” es solo la forma más acabada de la guerra mediática librada por el gobierno chavista contra los medios y los ciudadanos. En los últimos 18 años, el régimen establecido por Hugo Chávez ha alimentado la división, la intolerancia, la violencia y la criminalización de cualquier opinión crítica y disidente. Establecer una normativa sobre el odio deja claro que el objetivo del gobierno es silenciar a través del miedo a quienes deseen ejercer su derecho a la libre expresión de sus opiniones y pensamientos.

En agosto, el presidente Maduro solicitó a la constituyente espuria una ley para acabar con los mensajes de odio social argumentando que habían sido el disparador de las protestas entre abril y julio contra su gobierno, que culminaron con un saldo de al menos 163 fallecidos.

El presidente continuó presionando. El 5 de noviembre, solicitó celeridad al nuevo ministro de comunicación e información, Jorge Rodríguez, para que pusiera “orden en los medios y en las redes sociales”. Durante un programa transmitido por el canal del Estado, Venezolana de Televisión, recordó que tanto la prensa como la televisión cuentan con instrumentos legales de regulación, mientras que las plataformas digitales no.

Dos días después, la excanciller Delcy Rodríguez, ahora presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y hermana del ministro de comunicación, afirmaba que “Venezuela pone hoy esta ley a disposición del mundo. No exportamos solamente petróleo, queremos exportar paz, amor, tolerancia, en un mundo gravemente amenazado con los poderes imperiales”.

Con esta ley, los venezolanos estrenamos una nueva camisa de fuerza, una que vulnera los estándares regionales e internacionales de libertad de expresión y derechos civiles, los principios de internet como derecho humano y los artículos de la Constitución venezolana que defienden la comunicación libre y plural. Hoy los ciudadanos de Venezuela están sujetos por un corsé de duras varillas que constriñe a los portales digitales y las redes sociales, únicos espacios de libertad de expresión donde se habían refugiado tras el asedio sistemático del gobierno contra la prensa libre e independiente.

Será difícil devolver a los venezolanos la paz imponiendo penas de cárcel de entre 10 y 20 años a los responsables de medios y plataformas digitales que en seis horas no eliminen contenidos considerados como discurso de odio, amenazando con revocar licencias de operación a radios y televisoras, bloqueando sitios web, señalando la responsabilidad de intermediarios sobre los contenidos emitidos por terceros en Facebook, Twitter, Instagram, o imponiendo multas desproporcionadas y confiscatorias de bienes. No se alienta la paz social ni la riqueza del debate público destruyendo los principios de pluralidad, diversidad, libertad y acceso a la red, y convirtiendo a los intermediarios de las redes sociales en censores de las opiniones de sus usuarios.

Será imposible restablecer en Venezuela un ambiente de tolerancia aplicando medidas que, amparadas bajo criterios vagos y discrecionales sobre lo que significa un discurso de odio, de incitación a la violencia o de discriminación, y tipificando delitos de opinión para proteger la reputación de funcionarios públicos —que deben responder al escrutinio público— en detrimento de la libertad de expresión y el bien común.

Es inconstitucional defender la convivencia pacífica amenazando con ilegalizar los partidos políticos y con la inhabilitación de sus dirigentes si hubiese entre sus filas algún militante que, a juicio de la autoridad, incurra en un delito basado en prejuicios y dictamine si hay odio en un tuit, un post, una declaración pública o una transmisión por Periscope.

Los líderes de la revolución bolivariana, incluyendo al presidente Hugo Chávez, han sido los principales promotores de un discurso de odio, intolerante y discriminatorio. Ellos mismos son los que tienen ahora en sus manos la más peligrosa herramienta de censura: una ley que pretende ocultar la realidad de un país sumido en la más profunda debacle política, económica y social de su historia, castigando la crítica, la disidencia y la inconformidad de los venezolanos.

Ante este nuevo ataque del gobierno contra la libertad de expresión, sólo queda el compromiso de responsabilidad moral de los ciudadanos y los medios con la libertad de expresión y una insumisión militante para rechazar cualquier intento de aplicación de una norma que estrangula los últimos vestigios de la democracia en Venezuela.

¿QUIÉN LIDERARÁ LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?

Cuando el presidente Donald Trump anunció en junio que retiraría a Estados Unidos del Acuerdo de París, su país cedió oficialmente el liderazgo global respecto del cambio climático.

En realidad, el retiro había comenzado meses antes cuando el cambio climático desapareció de la mayoría de los sitios web del gobierno y de las agendas de Estados Unidos. El gobierno federal ya no enfrentaría el cambio climático a nivel nacional ni abordaría el incremento del calentamiento global con líderes de otros países, como el expresidente Barack Obama y su gabinete lo hacían rutinariamente.

Fue un cambio drástico y tenía que suceder.

“Me eligieron para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no a los de París”, dijo Trump cuando repudió el acuerdo. “El pacto climático de París solo es el más reciente ejemplo de cómo Washington ha sido parte de acuerdos que representan una desventaja para Estados Unidos en beneficio exclusivo de otros países”.

Desde entonces, otros han tomado el papel de líderes del clima. En Europa, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron juraron que el Acuerdo de París florecería sin Estados Unidos. El presidente de China, Xi Jinping, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, promueven a sus respectivos países como los patrocinadores del cambio climático. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha reunido a las naciones para exigir mayores recortes a las emisiones. Algunos gobernadores, alcaldes y líderes empresariales de Estados Unidos han formado su propia coalición, incluso ocupando el espacio reservado para su país en las recientes charlas de la ONU sobre el clima celebradas en Bonn, Alemania.

Los analistas políticos dicen que no está claro si alguno de ellos podrá remplazar a Estados Unidos y la inmensa maquinaria diplomática que dirige cuando se involucra en algún asunto. A continuación, echamos un vistazo a algunas de las fortalezas que tienen estos líderes y los retos que enfrentan.

El presidente de China, Xi Jinping, no mencionó a Trump en la apertura del Congreso del Partido Comunista celebrado el mes pasado, pero el mensaje fue claro cuando señaló que China había tomado “el papel de líder en la cooperación internacional para responder al cambio climático”. También criticó a los países que “se retiran a un autoaislamiento”.

Muchos analistas políticos dicen que ciertamente China ha tomado acciones sobre el cambio climático, tanto para cumplir su propia promesa ante el Acuerdo de París de ponerle un límite a las emisiones de carbono para 2030, como para comenzar el mercado de carbono más grande del mundo y expandir rápidamente el uso de los autos eléctricos. En los últimos meses, China ha sido anfitriona de reuniones entre ministros sobre la energía limpia y se unió a Canadá y la Unión Europea para dirigir discusiones sobre el clima.

Robert Stavins, director del programa de economía ambiental de la Universidad de Harvard que estuvo hace poco en China para hablar sobre el cambio climático, dijo que ha observado un giro drástico en el tono de los funcionarios chinos. “Habiendo participado muy de cerca respecto del cambio climático con el gobierno de Obama como líder conjunto, China parece muy contenta de cambiar del liderazgo compartido a uno en solitario”, comentó.

Sin embargo, abunda el escepticismo. Aunque el país ha rebasado sus objetivos respecto al Acuerdo de París, aún quema más carbón que ninguna otra nación. También queda pendiente ver cuán dispuesto estará este país a permitir una mayor transparencia en cuanto a sus propios esfuerzos de reducción de carbono, y muchos temen que regresará a viejas demandas respecto de que, junto con otros países en vías de desarrollo, sean tratados con reglas menos estrictas.

Durante muchos años se consideró que Canadá estaba rezagada en cuanto al cambio climático, pues abandonó el Protocolo de Kioto y rara vez tuvo impacto en las charlas de la ONU.

Todo eso cambió cuando el primer ministro Justin Trudeau se hizo amigo de los osos pandas y declaró que “Canadá estaba de vuelta” en las conversaciones de París sobre el calentamiento global en 2015. Trudeau dijo sentirse “profundamente desencantado” con la decisión de Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de París, y declaró que: “Canadá tiene un compromiso inquebrantable con el combate al cambio climático”.

Desde entonces, ha hecho mucho para lograr esa meta: duplicó la contribución de su país al organismo científico de la ONU y se ha movido para ocupar el lugar de Estados Unidos en algunos escenarios internacionales. En septiembre, por ejemplo, Canadá celebró una reunión con las economías más grandes del mundo para discutir el cambio climático. Funcionarios estadounidenses de la administración de George W. Bush crearon esa reunión, conocida originalmente como Major Economies Forum, que continuó durante el mandato de Obama. El gobierno de Trump básicamente la abandonó este año.

“Si Estados Unidos va a echarse para atrás, nosotros iremos hacia adelante”, dijo la ministra de Medioambiente de Canadá, Catherina McKenna.

Sin embargo, este país todavía batalla para imponer una política interna significativa de cambio climático, y en los últimos meses Trudeau ha aprobado proyectos de tuberías de asfalto y gas natural líquido. Los activistas en Canadá dicen que si Trudeau quiere ser un auténtico líder, tendrá que rechazar la nueva infraestructura de combustibles fósiles, algo que sería un reto muy difícil y quizá imposible de cumplir.

Quizá ningún grupo ha hecho más alboroto en la escena mundial de este año que el grupo de gobernadores, alcaldes y empresarios estadounidenses reunidos en la coalición We Are Still In (Seguimos Participando). Dirigida de manera no oficial por el gobernador de California, Jerry Brown; el antiguo alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg; y el gobernador de Washington, Jay Inslee, el grupo ha jurado que mantendrá el Acuerdo de París y hará progresar las políticas de combate al cambio climático.

Cuando el gobierno de Trump eligió no ocupar un pabellón en las conversaciones sobre el clima en Bonn para exponer los esfuerzos de Estados Unidos respecto al cambio climático, Bloomberg y otros acordaron pagar para hacerse cargo del tema. Ahora el pabellón de ese país cuenta con una especie de delegación de líderes locales que dicen que representan una cara distinta del gobierno. “Tengo la firme convicción de que Estados Unidos debe contar con una representación aquí”, dijo Bloomberg.

Sin embargo, sin la participación de más estados, en especial los fuertes en cuanto a combustibles fósiles, Estados Unidos se quedará corto respecto del compromiso de París, según han concluido varios análisis.

Se le da mucho crédito al gobierno de Obama por ayudar a crear el Acuerdo de París pero en realidad fue Europa la que insistió en primer lugar en el pacto. Desde el anuncio del retiro por parte de Trump, los líderes europeos no han perdido la oportunidad de reafirmarse como los guardianes de los esfuerzos globales respecto del cambio climático.

En particular, Macron ha continuado patrocinando el acuerdo forjado en la capital de su país. Invitó a los científicos estadounidenses que trabajan con el cambio climático a que se mudaran a Francia, y ha presionado varias veces a Trump para que no se retire del acuerdo. En diciembre, Francia será anfitriona de una celebración del Acuerdo de París a la que aún no se invita a Estados Unidos. Merkel puso el cambio climático al centro de una cumbre del Grupo de los 20 en Hamburgo, Alemania, este año.

No está claro en qué medida los esfuerzos de estos líderes harán cambiar la política de Estados Unidos. Como dijo hace poco Frank V. Maisano, socio del despacho legal Bracewell, que representa a clientes relacionados con la energía: “A los defensores de Trump no les importa que Macron le esté gritando. Les gusta”.

Guterres se convirtió en secretario general de la ONU en enero, y quienes trabajan con él han dicho que entró al puesto con todo. Guterres, antiguo primer ministro de Portugal, se aseguró de que el cambio climático tuviera un lugar destacado durante la Asamblea General de la ONU y se reunió con el exvicepresidente estadounidense Al Gore y con Brown, de California, para hablar sobre maneras en que las Naciones Unidas podrían promover soluciones. También abrió una sesión especial para discutir el cambio climático y su impacto en las pequeñas islas arrasadas por varios huracanes en el Caribe.

Robert C. Orr, decano de la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Maryland y asesor especial de Guterres, dijo que el líder de la ONU está “imprimiendo su propio sello” en el cambio climático preparando la celebración de una cumbre en la sede de la ONU en Nueva York en 2018.

ACUERDO GLOBAL PARA COMBATIR EL CÁNCER


Cada año, en Colombia se diagnostican 71.000 casos nuevos de cáncer, es decir, cada ocho horas se conoce uno nuevo

Además, se estima que 300.000 personas en el país están en tratamiento por esta enfermedad.
Hay mayor incidencia de cáncer de mama y de cuello uterino en la población de mujeres y hay una preocupación por el crecimiento de cáncer de tiroides entre ellas

Para el hombre, la gran mayoría de casos están en cáncer de próstata y melanoma de piel.
Hay que hacer un acuerdo mundial de cómo tratar el cáncer
Debe haber un consenso

“Es un problema global

Hay que hacer un acuerdo entre países y un acuerdo mundial de cómo tratar el cáncer

Sería muy bueno que después de poner la primera piedra del CTIC haya también una nueva manera de pensar el cáncer”.
Hay seis retos para la lucha contra el cáncer


Mejorar las competencias de los médicos generales en detección temprana y diagnóstico de cáncer.
Buscar técnicas rápidas de diagnóstico para pacientes sintomáticos.
Incrementar el número de subespecialistas en oncología.
Medir la superviviencia y calidad de vida de los pacientes con cáncer.
Generar mecanismos que garanticen las intervenciones costo-efectivas en la atención del paciente con cáncer.
Promover la investigación en diagnóstico y tratamiento molecular del cáncer.
Carlos Francisco Fernández, habló con Manuel Patarroyo, del Instituto Karolinska de Estocolmo y experto en oncología, sobre los desafíos que tiene la medicina para enfrentar el cáncer

“La batalla se está ganando

Pero es un desafío gigantesco”, dijo Patarroyo.
El experto explicó que los retos de la lucha contra el cáncer están en “la heterogeneidad de la enfermedad”

Señala que son 100 tipos de cáncer más sus subtipos, además de la resistencia que se observa a los fármacos.

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