LA DOCTRINA MONROE EN EL SIGLO XXI: EVOLUCIÓN, APLICACIÓN CONTEMPORÁNEA Y LEGADO EN LA GEOPOLÍTICA HEMISFÉRICA

 

Introducción

La Doctrina Monroe, proclamada por el presidente James Monroe en 1823, constituye uno de los pilares fundacionales más duraderos y controvertidos de la política exterior de los Estados Unidos. Sintetizada en la frase “América para los americanos”, su principio central fue originalmente defender la soberanía de las nacientes repúblicas del continente frente a cualquier intento de recolonización o intervención por parte de las potencias europeas. Sin embargo, a lo largo de dos siglos, su interpretación y aplicación han experimentado una transformación radical, evolucionando de un escudo defensivo para América Latina a una justificación doctrinal para la hegemonía y la intervención unilateral estadounidense en la región. En el contexto geopolítico actual, marcado por la competencia estratégica con China y Rusia y por eventos disruptivos como la captura de Nicolás Maduro en 2026, analizar la vigencia y aplicación contemporánea de esta doctrina es fundamental para comprender las dinámicas de poder en el hemisferio occidental. El objetivo de este análisis es examinar los principios originales de la doctrina, trazar su evolución histórica y, de manera crítica, evaluar sus manifestaciones y repercusiones en la política actual.

 

Desarrollo

 

1. Principios Fundacionales y Contexto Histórico Original

Proclamada el 2 de diciembre de 1823 durante el séptimo mensaje anual al Congreso del presidente Monroe, la doctrina surgió en un momento de vulnerabilidad para las jóvenes naciones latinoamericanas que acababan de independizarse de España y Portugal. El temor a una intervención de la Santa Alianza (una coalición de monarquías conservadoras europeas) para restablecer el dominio colonial fue el catalizador inmediato.

Los principios articulados pueden desglosarse en tres ejes fundamentales:

1.    No a la colonización futura: Los continentes americanos, habiendo alcanzado la independencia, no podrían ser considerados en el futuro como sujetos de colonización por ninguna potencia europea.

2.    No a la intervención: Cualquier intento de las potencias europeas por oprimir a los nuevos estados o controlar su destino sería visto como “la manifestación de una disposición poco amistosa hacia los Estados Unidos”.

3.    Abstención recíproca: A cambio, Estados Unidos se comprometía a no inmiscuirse en los asuntos internos de las colonias europeas existentes ni en los asuntos propios del continente europeo.

En su concepción original, la doctrina fue en gran medida una declaración de principios con una capacidad de ejecución limitada, dado el poderío naval relativo de EE.UU. en la época. Su verdadero respaldo estratégico vino de la Marina Real británica, cuyo interés comercial coincidía en mantener a otras potencias europeas fuera de América. Por lo tanto, su retórica de defensa panamericana enmascaraba, desde el inicio, una afirmación del interés nacional estadounidense y de su futura esfera de influencia exclusiva.

 

2. Evolución Histórica: Del Corolario Roosevelt a la Guerra Fría

La transformación de la Doctrina Monroe de una postura defensiva a una justificación para la intervención activa se consolidó a principios del siglo XX. El Corolario Roosevelt (1904), enunciado por el presidente Theodore Roosevelt, marcó el punto de inflexión crucial. Roosevelt argumentó que los “crónicos malhechores” o la “impotencia” de un estado americano que incumpliera sus obligaciones internacionales podrían obligar a Estados Unidos, “aunque a regañadientes”, a ejercer un “poder de policía internacional”. Este corolario invirtió la lógica original: ya no se trataba solo de repeler intervenciones externas, sino de legitimar la intervención estadounidense en los asuntos internos de otros países del hemisferio para “proteger” sus intereses y estabilidad, lo que se tradujo en numerosas ocupaciones militares en el Caribe y Centroamérica.

Durante la Guerra Fría, la doctrina fue revitalizada y enmarcada en la lucha global contra el comunismo. Eventos como la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) fueron presentados como la máxima expresión de la doctrina: la exclusión de una potencia extracontinental (la URSS) y su influencia ideológica y militar del hemisferio. Las intervenciones encubiertas y el apoyo a dictaduras militares en América Latina, bajo la justificación de la Doctrina de la Seguridad Nacional, fueron en la práctica la aplicación operativa de este principio Monroeísta actualizado, priorizando la alineación geopolítica sobre la democracia y los derechos humanos.

 

3. Aplicación y Vigencia en el Contexto Geopolítico Actual (2026)

En el panorama internacional contemporáneo, la Doctrina Monroe no es un tratado ni una ley formal, sino un principio rector implícito y una narrativa estratégica que continúa informando la política exterior estadounidense hacia América Latina. Su aplicación ha mutado desde las intervenciones militares directas del siglo pasado hacia un toolkit más diverso y a menudo indirecto, aunque la amenaza de la fuerza permanece como último recurso.

Sus manifestaciones clave en la actualidad incluyen:

·         Contención de Potencias Extra-Hemisféricas Rivales: El foco principal ya no es Europa, sino China y Rusia. Washington ve con extrema preocupación la creciente influencia económica china —a través de inversiones en infraestructura, préstamos y acuerdos comerciales como la Iniciativa de la Franja y la Ruta— y la presencia militar y diplomática rusa en la región. La lógica Monroeísta se aplica en esfuerzos diplomáticos y de presión para disuadir a los gobiernos latinoamericanos de establecer alianzas estratégicas o permitir presencia militar de estos rivales, considerando el hemisferio como una zona de influencia exclusiva estadounidense.

·         Seguritización de Desafíos Transnacionales: Temas como la migración irregular, el narcotráfico y la inestabilidad política son enmarcados como amenazas a la seguridad nacional de EE.UU. que justifican una respuesta activa y unilateral en el territorio de otros estados. La justificación para operaciones contra el narcotráfico o el despliegue de recursos para “gestión” migratoria en terceros países bebe de esta tradición que no distingue claramente entre seguridad interna y proyección de poder externo.

·         Control de Recursos Estratégicos y Cadenas de Suministro: En un mundo que transita hacia energías verdes, Estados Unidos busca asegurar el acceso a minerales críticos (litio, cobre, tierras raras) presentes en América Latina, promoviendo marcos de inversión que favorezcan a empresas occidentales y dificultando acuerdos con empresas estatales chinas. Esto representa una aplicación moderna del principio de esferas de influencia a la economía estratégica.

·         El Caso de Venezuela como Ejemplo Paradigmático: El escenario hipotético de la captura de Nicolás Maduro en 2026 ilustra una aplicación extrema y literal del principio. Una acción militar unilateral para detener a un jefe de estado, justificada bajo cargos de narcoterrorismo, encarnaría la culminación de la lógica Monroeísta: la anulación de la soberanía de un estado americano considerado un “estado canalla” o una amenaza, mediante la fuerza, y sin mandato multilateral. Reforzaría la percepción de que Washington se reserva el derecho de definir unilateralmente qué gobiernos son legítimos en la región y actuar en consecuencia.

 

4. Impacto y Recepción en América Latina: Entre el Alineamiento y la Resistencia

La aplicación de la Doctrina Monroe genera respuestas divergentes en América Latina, reflejando la profunda asimetría de poder en el continente.

·         Gobiernos Alineados: Algunos gobiernos, particularmente aquellos de orientación ideológica de derecha o liberal-conservadora, optan por una alineación estratégica explícita con Washington, viendo en la protección estadounidense una garantía de seguridad y una oportunidad para atraer inversiones. Para ellos, la doctrina actualizada puede ser vista como un marco útil de cooperación en seguridad y comercio.

·         Resistencia y Crítica: Por otro lado, una gran parte de la intelectualidad, los movimientos sociales y gobiernos de izquierda o nacionalistas denuncian la vigencia de la doctrina como una forma de neocolonialismo o imperialismo moderno. Perciben las presiones para excluir a China o Rusia como una limitación a su soberanía y su derecho a una política exterior diversificada y multipolar. Organismos regionales como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) han surgido, en parte, como un foro para construir consensos propios al margen de la influencia directa de Washington.

Esta tensión entre la visión estadounidense del hemisferio como esfera de influencia y la aspiración latinoamericana a una verdadera autonomía y multipolaridad define la dinámica política contemporánea.

Conclusión

La Doctrina Monroe permanece como una fuerza estructurante, aunque a menudo soterrada, en las relaciones interamericanas. Su trayectoria histórica demuestra una capacidad de adaptación notable, reinterpretándose para servir a los intereses estratégicos dominantes de Estados Unidos en cada era, desde la exclusión colonial europea hasta la contención comunista y, actualmente, la competencia con China.

Los hallazgos clave de este análisis son:

1.    La esencia de la doctrina ha mutado de un principio defensivo a uno ofensivo y hegemónico, cuyo núcleo es la afirmación de una esfera de influencia exclusiva estadounidense en el hemisferio occidental.

2.    En la actualidad, su aplicación es más multidimensional e indirecta, operando a través de instrumentos económicos, diplomáticos y de seguridad, pero manteniendo la fuerza militar como un recurso último y legítimo en la narrativa política de Washington.

3.    El caso hipotético de Venezuela en 2026 ejemplifica el extremo potencial de esta lógica, donde la persecución de objetivos de seguridad nacional puede llevar a la violación directa de principios fundamentales del derecho internacional, como la soberanía y la no intervención.

4.    La recepción en América Latina es profundamente ambivalente y divisiva, oscilando entre la aceptación pragmática del liderazgo estadounidense y el rechazo frontal a lo que se percibe como una injerencia imperial.

Las implicaciones son profundas: Mientras Estados Unidos insista en aplicar una visión Monroeísta actualizada, se perpetuará una relación estructuralmente asimétrica con América Latina, se dificultará la integración regional autónoma y se alimentará un ciclo de resentimiento y resistencia. La principal línea de investigación futura debería centrarse en explorar si es posible construir un nuevo paradigma de relaciones hemisféricas basado en la asociación entre iguales soberanos, la cooperación genuina frente a desafíos comunes (como el cambio climático y la desigualdad) y el respeto irrestricto al pluralismo político y a la diversificación de alianzas externas de los países latinoamericanos. La superación del legado Monroeísta, en su faceta hegemónica, es un requisito indispensable para una comunidad de naciones americana verdaderamente soberana y cooperativa.

 

REFLEXIONES DE UN SACERDOTE CATOLICO

Como sacerdote, al contemplar la Doctrina Monroe a la luz del Evangelio, surge una profunda llamada al discernimiento moral. Toda política que nace con intención de proteger puede, con el tiempo, transformarse en instrumento de dominación si pierde de vista la dignidad de los pueblos. La historia muestra que el poder sin límites éticos termina erosionando la justicia y la paz. Cristo nos enseña que la verdadera autoridad es servicio, no imposición.

Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia, ninguna nación debe imponer su voluntad sobre otra. El verdadero progreso no surge de la hegemonía o el control de recursos, sino de la solidaridad entre iguales.

Las naciones están llamadas a relacionarse desde el respeto, la cooperación y la búsqueda del bien común. Solo cuando la geopolítica se somete a la ética y a la fraternidad, puede convertirse en camino auténtico de paz.

La verdadera paz no nace de la hegemonía, sino del diálogo entre iguales, del reconocimiento mutuo y de la solidaridad (cf. Pacem in Terris, 159).

Oremos para que en este siglo XXI, las relaciones en nuestro continente se basen en el respeto mutuo, la justicia y la búsqueda de la paz, reconociendo que todos somos hijos de un mismo Padre y administradores, no dueños, de la creación.


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