La
importancia de los programas de responsabilidad social y ambiental corporativa
ha venido en aumento en los últimos años, a medida que inversionistas,
ejecutivos y reguladores se han dado cuenta que esos programas pueden mitigar
crisis en las empresas y mejorar la reputación de las mismas.
Pero hasta ahora no hay un consenso en torno a
1)
si crean valor para los accionistas,
2)
si lo crean, de qué forma,
3)
cómo medir ese valor, y
4)
cómo comparar el valor entre una compañía y otra.
En un estudio de McKinsey se les pidió a
gerentes de finanzas, inversionistas institucionales, profesionales de finanzas
y expertos en
responsabilidad social de todo el mundo que identificaran si y cómo los
programas sociales, ambientales y de gobierno creaban valor, cuales son
los mejores indicadores para medirlo, y cómo comunicar ese valor efectivamente.
Los
resultados indican que todos están de acuerdo en que estos programas crean
valor para los accionistas, aunque en las condiciones actuales del mercado,
cobran mas importancia los programas relacionados con gobierno, en detrimento de
aquellos sociales o ambientales.
Buena parte de los encuestados no consideran el valor
financiero de los programas a la hora de evaluar el atractivo. Muchos
piensan que el valor es a largo plazo, o muy indirecto como para ser medido. Otros piensan que los
indicadores disponibles no son satisfactorios.
REFLEXIONES DE UN SACERDOTE CATOLICO
Como sacerdote católico, miro la Responsabilidad Social Corporativa a la luz del Evangelio. Toda empresa, más allá de generar utilidades, está llamada a servir al bien común. No se trata solo de cumplir normas, sino de reconocer el rostro humano detrás de cada decisión: trabajadores, familias, comunidades y la creación misma. Valorar la responsabilidad social es entender que el éxito verdadero nace cuando el crecimiento económico va unido a la justicia, la solidaridad y el cuidado de los más vulnerables. Una empresa responsable se convierte en instrumento de paz social, sembrando dignidad, esperanza y desarrollo integral, reflejando así el amor de Dios en la vida cotidiana.
Una empresa con alma es aquella que ve en el prójimo a un hermano y en la creación un don de Dios que debemos custodiar con justicia y caridad.

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