UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS GRANDES CAPITALES Y LAS EMPRESAS MULTINACIONALES

 

Los grandes capitales y las empresas multinacionales suelen presentarse como propiedad privada, protegida por leyes, acciones y contratos. Formalmente lo son. Pero en un sentido más profundo, no les pertenecen solo a quienes figuran en los registros, sino a la humanidad que los hace posibles y los sostiene.

Ninguna gran empresa nace en el vacío. Se construye sobre bienes que son de todos: conocimiento acumulado por generaciones, infraestructuras financiadas por los Estados, recursos naturales que no creó nadie, trabajadores formados por sistemas educativos públicos, estabilidad social garantizada por comunidades enteras. Sin estos pilares colectivos, el capital no prospera.

Cuando el capital olvida su raíz social, se vuelve extractivo: maximiza ganancias, socializa pérdidas y concentra poder. Pero cuando reconoce que su éxito es fruto de una cooperación invisible y global, puede convertirse en fuerza de bienestar, innovación responsable y desarrollo compartido.

Decir que las multinacionales “pertenecen a todos” no implica negar la propiedad privada, sino recordar su responsabilidad moral. A mayor tamaño e influencia, mayor obligación con la dignidad humana, el medio ambiente y el futuro común. El poder económico, sin ética, se vuelve dominación; con conciencia, se vuelve servicio.

La gran pregunta de nuestro tiempo no es si el capital debe existir, sino a quién sirve. Porque lo que se construye con el esfuerzo de muchos no puede justificar el beneficio de unos pocos a costa de todos.

El verdadero progreso llegará cuando el éxito empresarial se mida no solo en utilidades, sino en impacto humano, justicia social y cuidado de la vida.

 

ANALISIS DESDE VARIOS PUNTOS DE VISTA

Los múltiples "dueños" invisibles

1. Los consumidores como soberanos silenciosos

Cada compra es un voto de confianza. Sin la aceptación masiva de sus productos, estas empresas colapsarían. En este sentido, la sociedad civil ejerce una propiedad funcional a través del consumo, boicots y preferencias. El poder del consumidor, aunque atomizado, colectivamente da forma a productos, políticas éticas y estrategias.

2. Los trabajadores como arquitectos no reconocidos

El valor real lo crean empleados, ingenieros, diseñadores, obreros cuyos conocimientos y horas de trabajo materializan las ideas. Sin ellos, el capital es papel muerto. La paradoja: quienes más contribuyen al valor (trabajadores) rara vez son propietarios significativos del resultado.

3. Los Estados como garantes esenciales

Las multinacionales operan en infraestructuras públicas (carreteras, puertos, internet), con mano de obra educada en sistemas públicos, protegidas por marcos legales y seguridad que proveen los Estados. Pagan impuestos (a veces mínimos), pero su existencia presupone un contrato social previo que ellas no financiaron completamente.

4. El conocimiento común como cimiento

Ninguna innovación surge del vacío. Se construye sobre siglos de ciencia básica, matemáticas, descubrimientos financiados públicamente o por generaciones anteriores. El iPhone depende de: Internet (investigación militar pública), pantallas táctiles (investigación universitaria), GPS (sistema militar) —bienes comunes intelectualesprivatizados posteriormente.

5. El planeta como socio silencioso

Extraen recursos naturales (agua, minerales, energía) del patrimonio común de la humanidad y las futuras generaciones, externalizando frecuentemente los costos ambientales. En este sentido, todos somos accionistas del capital natural que usan.

La desconexión entre propiedad legal y responsabilidad social

El problema central no es la escala, sino la desproporción entre derechos y obligaciones:

·         Derechos privatizados: Beneficios, patentes, decisiones estratégicas.

·         Obligaciones socializadas: Crisis ambientales, despidos masivos, evasión fiscal sofisticada, consecuencias sociales.

Esta asimetría crea lo que algunos llaman "socialismo para los ricos, capitalismo para los pobres": el Estado rescata empresas "too big to fail", mientras exige austeridad a los ciudadanos.

El mito del "capitalismo popular" accionarial

La narrativa de que "todos somos dueños mediante fondos de pensiones" es parcialmente cierta pero engañosa:

·         La propiedad está tan diluida que es sin poder real.

·         Los grandes fondos (BlackRock, Vanguard) concentran el voto efectivo.

·         El objetivo último sigue siendo maximizar valor para el accionista, no bienestar social integral.

Hacia una redefinición de la propiedad en el siglo XXI

Posibles direcciones evolutivas:

1.    Propiedad de stakeholders (grupos de interés): Modelos donde trabajadores, comunidades y proveedores tienen asiento formal en decisiones, no solo accionistas.

2.    Empresas B Corp y propósito extendido: Reconocimiento legal de que una empresa existe para crear valor múltiple (social, ambiental, económico), no solo ganancias.

3.    Economía de plataformas cooperativas: Donde los usuarios/proveedores (ej: conductores de Uber, creadores en YouTube) posean colectivamente la plataforma que su trabajo hace valiosa.

4.    Fiscalidad como retorno a la comunidad: Impuestos corporativos justos como dividendo social por usar infraestructuras y bienes comunes.

5.    Transparencia radical y rendición de cuentas: La verdadera "propiedad pública" podría ser derecho a información y control democrático, no necesariamente propiedad accionarial directa.

Reflexión final: Del capital financiero al capital social

Quizás la pregunta no es si las multinacionales "pertenecen a todos" legalmente, sino si nuestra arquitectura económica reconoce adecuadamente su naturaleza profundamente interdependiente.

Una empresa es un nodo en una red de relaciones humanas y naturales. Su éxito depende de:

·         Confianza social (marca, reputación)

·         Estabilidad política (Estados que evitan conflictos)

·         Salud ecológica (recursos sostenibles)

·         Capital humano (trabajadores saludables y educados)

·         Innovación acumulada (conocimiento histórico)

En este sentido sí "pertenecen a todos": son criaturas de nuestro ecosistema civilizatorio completo. El desafío del siglo XXI es diseñar mecanismos institucionales que alineen su poder con responsabilidades proporcionales, cerrando la brecha entre quienes disfrutan los beneficios y quienes soportan los costos.

La verdadera riqueza de una sociedad no está en sus corporaciones, sino en el tejido de confianza, conocimiento y colaboración que hace posible su existencia. Eso sí es un patrimonio verdaderamente común.

 

Fortalezas y Debilidades de este Enfoque

Dimensión

Fortaleza del modelo compartido

Debilidad / Riesgo

Económica

Reduce la desigualdad extrema y financia la transición verde.

Puede desincentivar la innovación individual si no se gestiona bien.

Social

Devuelve el sentido de pertenencia y propósito a los trabajadores.

Requiere una gobernanza global que hoy no existe.

Ética

Alinea el beneficio privado con el bienestar del planeta.

Riesgo de burocratización excesiva de las empresas.

 

Conclusión: ¿En quiénes debemos convertirnos?

La gran pregunta para el siglo XXI no es si el capitalismo debe morir, sino cómo debe evolucionar para que su éxito sea el éxito de la vida misma. Como bien decías al principio: ¿En quiénes debemos convertirnos para merecer lo que ya hemos creado? Quizás en seres capaces de co-gestionar la riqueza del mundo con sabiduría, no solo con ambición.

Si aceptamos que los grandes capitales nos pertenecen a todos porque se nutren de nuestro pasado y nuestro entorno, dejamos de ser consumidores pasivos para convertirnos en partícipes responsables.

El verdadero progreso llegará cuando el éxito empresarial se mida no solo en utilidades, sino en impacto humano, justicia social y cuidado de la vida.

 

 

REFLEXIONES DE UN SACERDOTE CATOLICO

Como sacerdote católico, contemplo los grandes capitales a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia. Toda riqueza tiene un origen social y un destino universal: nace del trabajo de muchos y de los bienes que Dios confió a toda la humanidad. Cuando el capital se absolutiza y olvida a la persona, se convierte en ídolo y genera exclusión. Pero cuando reconoce su responsabilidad moral, puede ser instrumento de justicia, solidaridad y cuidado de la creación. A quien más se le ha dado, más se le exigirá. El verdadero éxito económico se mide por cuánto dignifica la vida humana y sirve al bien común.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escriba sus comentarios aqui:

Seguir en Facebook

TuMesaDeDinero

https://support.google.com/adsense/answer/6185995

Anuncios