21 de diciembre de 2016

LOS BLANCOS NACIONALISTAS CELEBRAN LA VICTORIA DE DONALD TRUMP



Durante años han vivido en los oscuros rincones de la web, ocultos tras imágenes de caricaturas, con tediosos discursos sobre la decadencia de la cultura blanca y seudónimos repulsivos. Pero tras la sorpresiva victoria electoral de Donald Trump cientos de sus partidarios extremistas se reunieron en la capital para proclamar su momento de dominio político, algo que muchos consideraban imposible.

En las entrañas del edificio Ronald Reagan y el Centro de Comercio Internacional, a tres cuadras de la Casa Blanca, miembros del movimiento de derecha alternativa que esperaban reunirse para realizar una autopsia y maquinar cómo lidiar con su lúgubre futuro en la administración de Clinton, celebraron el inesperado avance de las ideas del nacionalismo blanco y presentaron la victoria de Trump como una validación de su lucha por preservar la cultura blanca.

“Fue un despertar”, declaró Richard B. Spencer, quien dice haber acuñado el término “derecha alternativa” (extrema derecha), que en inglés se conoce como alt-right), en una reunión reciente. “Así luce un movimiento exitoso”.

El movimiento ha criticado a políticos de todas las facciones por promover la diversidad, la inmigración y lo que se percibe como políticamente correcto. Sus críticos afirman que es una versión rebautizada del Ku Klux Klan que promueve el antisemitismo, la violencia y la represión de las minorías.

Sus líderes intelectuales argumentan que solo pretenden cumplir su deseo de tener un “etnoestado” blanco donde nadie los moleste. Trump, con su discurso de promoción a la división en contra de inmigrantes y musulmanes, les dio la esperanza de que esos sueños se vuelvan realidad.

“Nunca pensé que llegaríamos a este punto, a nada parecido a la aceptación de la corriente principal o a tener influencia política”, comentó Matt Forney, de 28 años, originario de Chicago. “La cultura se está moviendo en mi dirección”.

Inspirado por el control de Trump en el Partido Republicano, Forney manifestó que espera ver a personas asociadas al movimiento nacionalista blanco postuladas como candidatos en las elecciones de 2018. Explicó que el aumento del populismo y el declive de lo que es políticamente correcto presentan una oportunidad excepcional.

Robert Taylor, de 29 años, describió la conferencia como una “fiesta de victoria”. Taylor era un libertario comprometido, según afirmó, e incluso trabajó en las campañas presidenciales de Ron Paul y se mudó a New Hampshire debido a un proyecto que organizaron personas con ideas similares. Si Hillary Clinton hubiera ganado las elecciones, aseveró, habría abogado por la secesión.

“Pensé que tenía las respuestas correctas y había leído los libros correctos”, agregó. “Escuché hablar del movimiento de extrema derecha y se encendió una chispa en mi interior”. Taylor opinó que con Trump, “tenemos espacio para recobrar el aliento; tenemos un poco de tiempo”.

Trump ha desmentido las insinuaciones de que tiene conexiones con el movimiento de extrema derecha. Pero sus opiniones en el tema de inmigración y su política exterior con el lema “Estados Unidos primero” han cautivado a los miembros del movimiento. Cuando designó como director de estrategia a Stephen K. Bannon, quien ha dicho que Breitbart News, el sitio web que dirigió por mucho tiempo, es una plataforma para el movimiento de extrema derecha, se reforzó la idea de que el futuro presidente está de su parte.

La aceptación de Trump entre los blancos nacionalistas se hizo patente en la conferencia anual de un grupo llamado el Instituto de Política Nacional. Los invitados compartieron bocadillos de piccata de pollo y evaluaron opciones para reorientar la demografía de Estados Unidos. Muchos de los asistentes, que en su mayoría eran hombres blancos, llevaban gorras rojas con el lema “Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”. Las camisetas con el rostro de Trump se vendieron rápidamente.

Aunque el entusiasmo dentro de la conferencia era evidente, la resistencia al movimiento se mantiene firme. El alza reciente en delitos raciales y reportes de abuso verbal y agresión física a minorías ha incrementado la presión sobre los grupos que promueven el racismo.

Muchos sitios no aceptan celebrar sus eventos y las cuentas de algunos de sus miembros en las redes sociales fueron suspendidas debido a los ataques crueles a periodistas judíos y críticos de Trump. Un gran grupo de manifestantes marchó alrededor del Edificio Ronald Reagan, que al ser un inmueble federal, no podía negarse a realizar la conferencia.

“Estas personas tienen derecho a la libertad de expresión, pero los valores que defienden no representan a Estados Unidos”, enfatizó Jon Pattee, de 48 años. “Yo los defino como el brazo elegante del movimiento supremacista-nacionalista blanco”.

Tampoco es probable que los republicanos que apoyan la corriente principal acepten las ideas más radicales del movimiento. “Deben crecer y empezar a desechar algunos de los elementos que causan más controversia”, expresó Erick Erickson, bloguero y comentarista conservador que ha criticado a Trump. “No creo que el Partido Republicano llegue a aceptarlos por completo”.

No obstante, los líderes de la extrema derecha anunciaron que planean aprovechar su reciente influencia y ejercer presión sobre Trump para que tome posiciones políticas más radicales, como una moratoria a la inmigración neta durante los siguientes 50 años. Spencer afirmó que se daría preferencia a los europeos blancos.

“A largo plazo, las personas como Bannon y Trump tendrán una actitud abierta ante la claridad de nuestras ideas”, señaló Jared Taylor, fundador de American Renaissance, una publicación nacionalista blanca.

Al igual que Trump, Spencer, quien se ha convertido en el rostro de la extrema derecha, se ha burlado de la OTAN calificándola como “burda e ineficaz”. Convocó a crear relaciones más amistosas con el presidente ruso Vladimir Putin y a deportar a los inmigrantes no autorizados, invitando a corear la consigna “Construye el muro”.

“Creo que colocar a la extrema derecha como vanguardia intelectual puede ser un buen complemento para Trump”, subrayó Spencer. “Podemos ser quienes estén al frente, para pensar en lo que él todavía no comprende”.

A pesar de que estas personas dicen que su intención es ser más activos en la política, no está claro cuál sería su reacción si se les alinea con los grupos de poder o qué harían si Trump comienza a moderar sus puntos de vista. Sus actividades dirigidas a los estadounidenses de raza negra durante los últimos meses de la campaña causaron enojo entre algunos de sus seguidores nacionalistas blancos, quienes se preguntaron si Trump no sería tan diferente después de todo.

“Es un momento fugaz de optimismo”, indicó Al Stankard, de 29 años, originario de Baltimore, quien usa el seudónimo “Haarlen Venison” en internet y estaba repartiendo su novela, Death to the World.

Stankard predijo que Trump podría decepcionar a los nacionalistas blancos tanto como el presidente Obama decepcionó a algunos de sus partidarios cuando no logró establecer una unidad racial en el país.


“Se trata de fantasías un tanto ilusas”, puntualizó Stankard.

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