9 de junio de 2017

EN COLOMBIA ESTAMOS ATRAVESANDO POR UNA ZONA DE TURBULENCIA.

Mediocre resultado de la economía colombiana

Es necesario, además, darle más acción al plan Colombia Repunta, como lo han pedido los gremios. Pero más importante es recuperar la confianza del país, que cada vez se sume más en el pesimismo. Definitivamente, estamos atravesando por una zona de turbulencia.

El dato del comportamiento de la economía en el primer trimestre del año que entregó el Dane a mediados de mayo confirmó la poca dinámica con la que arrancó 2017: 1,1% de crecimiento frente al mismo periodo de 2016; es uno de los resultados más mediocres de los últimos años que confirma que los motores de la economía están desacelerados. Cuando se conozcan las cifras del PIB por el lado de la demanda, es probable que quede en evidencia la debilidad en el consumo –producto de la entrada en vigor de la reforma tributaria y de la caída de la confianza del consumidor– y una menor inversión directa.

Por sectores, en los primeros tres meses de 2017 la mayor variación negativa se dio en la explotación de minas y canteras (-9,4%), explicada principalmente por la caída de la extracción de petróleo crudo y gas natural (-12,3%). También registraron decrecimiento los sectores de transporte, almacenamiento y comunicaciones con -0,3%, comercio, reparación, restaurantes y hoteles con -0,5%, suministro de electricidad gas y agua -0,6% y construcción con -1,4%.

Las buenas noticias corrieron por el lado de la agricultura, caza, silvicultura y pesca, con un incremento de 7,7%, el resultado más alto para un primer trimestre desde 2001, según el Dane; la rama de servicios financieros e inmobiliarios con 4,4%, y servicios sociales, comunales y personales también registró un ritmo superior al promedio, con 2,2%.

La industria sigue estancada con un aumento de apenas 0,3% e impulsada por los productos de refinación. Durante el primer trimestre de 2017, diez de las 24 ramas de actividad de la industria manufacturera crecieron positivamente.

Pero las cifras y este panorama económico se conocen en uno de los momentos de mayor agitación social en el país. Al cierre de esta edición, Buenaventura mantenía el paro, tras varios días de marchas, protestas y hasta saqueos. Los habitantes del puerto piden declarar la emergencia social, económica y ambiental, y agilizar recursos para atender prioridades en salud, servicios públicos como el agua y enfrentar con mayor intensidad los focos de violencia. Esta situación es preocupante, pues se trata no solo del principal puerto sobre el Pacífico, que está paralizado, sino también de una comunidad que busca solución a problemas del pasado.

En el mismo sentido anda Chocó, que pide el cumplimiento de promesas de 2016, como la terminación de las vías que conducen de Quibdó a Medellín y a Pereira, la construcción de más de un centenar de sedes educativas y de un hospital de tercer nivel, una reducción en las tarifas de energía eléctrica y la posibilidad de acceder al agua potable.

Se sumó también a esta alta tensión social la protesta de los maestros, que exigen una nivelación salarial, el pago de primas de bonificación y encontrar una solución a la desfinanciación de la educación pública que –según sus cálculos– puede llegar a $1,6 billones entre 2017 y 2018.

En Manaure, en La Guajira, también hay gran preocupación porque un paro laboral en las salinas completó casi 80 días y se teme que la situación derive en desórdenes públicos.

De otro lado, el panorama con los vecinos es complejo, en especial por el lado de Venezuela y Brasil. El primero, por el desenlace que tengan las protestas en ese país y la posibilidad de que se produzca una migración masiva hacia Colombia, generando un nuevo frente de tensión en un momento complejo. En el caso del segundo, el escándalo por las grabaciones divulgadas en las que el presidente Michel Temer aprueba sobornos encendieron un polvorín político y golpearon las bolsas de Brasil y Argentina. Todo ello será una prueba ácida para Colombia, pues permitirá determinar si el país ha logrado diferenciarse dentro de los mercados emergentes o nos siguen mirando como uno más dentro de la región.

Sin duda, Colombia viene de un proceso de ajuste muy duro producto del mayor choque externo de su historia por la destorcida de los precios del petróleo, que golpearon sus finanzas. Su plan de ajuste ha venido avanzando: la inflación ha cedido, las tasas vienen reduciéndose, el déficit de cuenta corriente también cae y la polémica reforma tributaria tranquilizó a las calificadoras y le ha dado al Gobierno un respiro fiscal.

Para este año se espera una reactivación leve, como señaló el Ministro de Hacienda. Los cálculos más optimistas vienen precisamente del lado del Gobierno, que ha ratificado su meta en 2,5%. Sin embargo, analistas y hasta el mismo Banco de la República la ubican alrededor de 2% y algunos por debajo. Las señales del primer trimestre no fueron favorables y la agitación social, así como las expectativas de los acuerdos de paz, empiezan a producir nuevos focos de incertidumbre, enrareciendo el clima general de la opinión pública; todo ello puede afectar la estrategia para salir del bache de crecimiento y lograr unos mejores resultados en lo que resta del año.


La tarea para el Gobierno no será sencilla. Frente a lo que analistas como Credicorp han advertido sobre “un limitado gasto público”, para el Ejecutivo será fundamental sacar adelante la adición presupuestal que le permita aumentar la inversión en 12%, en lugar de caer 3%, como estaba previsto en el presupuesto inicial. Es necesario, además, darle más acción al plan Colombia Repunta, como lo han pedido los gremios. Pero más importante es recuperar la confianza del país, que cada vez se sume más en el pesimismo. Definitivamente, estamos atravesando por una zona de turbulencia.

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