4 de junio de 2017

LA ALARMANTE FRAGILIDAD DE INTERNET

Está diseñada para durar, pero tiene vulnerabilidades que pueden hacerla colapsar.

La Internet es descrita a menudo, y con razón, como una red global de información. Pero esto es posible porque, a la vez, hablamos de una red de redes, y pese a lo que muchos creen o quisieran creer, muchas de esas redes están concentradas más o menos en los mismos puntos.

Episodios como el reciente colapso del S3 de Amazon, uno de los servicios de almacenamiento en nube más usados en el mundo, dejan en evidencia que todavía es muy alto el grado de dependencia que las marcas que usamos en Internet tienen en cuanto a la infraestructura de una compañía.

Mucho más si se tiene en cuenta que, según reportó la propia compañía, el incidente se debió a un error de digitación durante una labor más o menos rutinaria de mantenimiento.

La centralización de los datos ha hecho que Internet –al menos la parte que usan la mayoría de las personas– sea más vulnerable de lo que se planeó cuando se diseñó su arquitectura, la cual estaba pensada para funcionar, incluso, durante una guerra nuclear. Pero ahora que la nube es la norma, y gigantes como Amazon o Google concentran cientos y miles de marcas, una falla en los proveedores tiene el potencial de arrastrar consigo a sus clientes.

Por eso, las marcas encargadas de mover el tráfico de la red usan sistemas redundantes en los que las fallas se consideran inevitables y se diseñan mecanismos para que siempre haya dispuesto un plan B.

 “Internet se ha construido de tal suerte que existan las mejores soluciones de ingeniería que permitan mantener el servicio incluso en situaciones muy difíciles. Los puntos críticos tienen más de dos puntos conectados, con ‘caminos’ diversos para mover los datos. Hoy en día hay sistemas robustos, generalmente duplicados y dispersos para no depender de una sola ubicación”.

¿‘Romper’ la red?
Aunque el término se asocia, a menudo de manera jocosa, con fotos virales de Justin Bieber o Kim Kardashian, muchos observadores advierten que hay un riesgo real de que cibercriminales puedan ejecutar un ataque capaz que colapsar Internet hasta por días completos.

No faltan precedentes: el 21 de octubre del 2016 hubo un ataque masivo que afectó a la mitad de Internet. Fue atribuido a cibercriminales de Rusia y China, y docenas de los sitios más populares del mundo, entre ellos Netflix, Twitter, Spotify y PayPal, se vieron afectados.

Fueron casi 12 horas de embestidas digitales, organizadas y sincronizadas, que mostraron uno de los puntos débiles de Internet: gran parte de su estabilidad depende de unos pocos.

Una de las armas usadas durante ese ataque fueron los dispositivos del Internet de las cosas: cámaras, sensores, termostatos, entre otros. Se usaron para saturar los servidores y llevarlos al colapso.

En un informe respecto de ese incidente, Stephen Cobb, analista de seguridad de la firma Eset, afirmó: “Hemos visto cuán vulnerable es la internet al uso disruptivo a gran escala por parte de personas cuya identidad no es posible establecer de inmediato”.

Pero, incluso si grandes porciones de la red están vigiladas o protegidas, basta un espacio no asegurado –como cámaras web, dispositivos móviles o computadores portátiles– para que los criminales puedan explotar la debilidad del sistema y hacer de las suyas. Los expertos en el tema suelen decir que “Internet es un computador al que no se le puede poner un solución de seguridad”.

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