15 de octubre de 2015

LA EXPLOTACION PETROLERA MEDIANTE FRACKING CAUSA MÁS TERREMOTOS


Lo dice el Servicio Geológico de EE.UU., quien detectó que aumentaron los movimientos de la tierra en ese país desde el 2009.

Resulta paradójica la situación que está viviendo Estados Unidos. Por un lado y gracias a toda una organizada movida industrial, por medio de la fracturación hidráulica o fracking (inyección de alta presión en el subsuelo de un amasijo de agua y químicos para romper las rocas que guardan combustibles y de esa forma los liberan para extraerlos), las petroleras de ese país lograron cifras récord de producción de crudo, tanto como para dejar de comprarle a sus principales socios árabes y latinoamericanos tras lograr la autosuficiencia. Lo hicieron tan bien que cambiaron la historia y le dieron un fuerte golpe a los precios internacionales. En seis meses un barril pasó de transarse en US$100 en promedio a un poco menos de US$50. Hasta ese momento, todo bien para los Estados Unidos. Pero las consecuencias no se hicieron esperar.    


Por cuenta del Servicio Geológico de EE.UU., los norteamericanos se acaban de enterar que aumentaron los movimientos telúricos relacionados con, precisamente, el fracking. Algo que una prestigiosa publicación gringa había llamado ‘los terremotos ocasionados por el hombre’, y donde se hablaba de las implicaciones que para el medio ambiente tenía dicha perforación más allá del impacto directo sobre agua y que ahondaba en el resultado de tocar las placas de la tierra sin tener en cuenta que toda causa tiene un efecto.

Pues bien, de acuerdo con la entidad, específicamente en el centro del país, la actividad sísmica inducida viene generando cada vez más movimientos involuntarios. Cuenta la agencia EFE que el más afectado es Oklahoma, con magnitudes superiores a 3 en la escala Richter; seguido de Texas, Kansas, Colorado, Nuevo México y Ohio. La lectura es la misma: en los últimos años han registrado sismos con más frecuencia de lo habitual.

El jefe del Proyecto de Modelo Nacional de Riesgos Sísmicos del USGS, Mark Petersen, fue enfático en advertir que “estos terremotos inducidos están ocurriendo a un ritmo mucho mayor que anteriormente y suponen un mayor riesgo para la gente que vive cerca”. Y, acto seguido, en un comunicado de prensa, soltó lo que todos los ambientalistas habían proyectado, pero que seguía siendo motivo de debate por los exitosos resultados que ha tenido para la economía del país la obtención petrolera y de gas. Todas las áreas en las que se ha percibido este aumento en la actividad sísmica “están localizadas cerca de pozos de inyección profunda de fluidos u otras actividades industriales capaces de inducir terremotos”.       

Las declaraciones se conocieron casi a la par de las que dieron los representantes de Weatherford International, quienes le dijeron a Bloomberg que para finales de 2015, la mitad de las empresas dedicadas al fracking en Estados Unidos desaparecerían por razones netamente financieras. Una paradoja más. La oferta de crudo es tan alta en el mundo, incluyendo lo que produce Estados Unidos, que los precios no levantan y las inversiones necesarias para practicar el fracking resultan más caras que lo que el mercado les paga por barril. Los clientes están dejando los pozos incompletos porque ya no es rentable sacar el hidrocarburo

Entonces, ¿Estados Unidos entre la espada y la pared? Pues según el USGS la inyección de aguas residuales aumenta la presión de los poros subterráneos, lo que puede lubricar fallas cercanas provocando que los terremotos sean más probables. Ya en estados como el de Nueva York está prohibido el fracking, paradójicamente el avance tecnológico que le permitió al país la autosuficiencia energética.


¿Cuál será el camino que van a seguir?

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