19 de octubre de 2015

LAS DIFICULTADES INTERNAS DE CHINA TIENEN CONSECUENCIAS GLOBALES


El desplome en septiembre del mercado de acciones de Shanghái marca la primera vez de la era contemporánea en la que las dificultades internas de China tienen consecuencias globales, mientras que en noviembre, China asumirá el liderazgo del G20 y tiene la oportunidad de dejar su marca sobre las cambiantes condiciones del Gobierno global.

De acuerdo con Brookings en el artículo “Xi on the global stage: The cost of leadership”, “con mayores consecuencias viene más responsabilidad”, por consiguiente el trabajo  de Xi Jinping, el líder de China en Naciones Unidas será más duro que en años anteriores.

Brooking explica que la comunidad internacional ha estado cautivada por la narrativa de las potencias emergentes y por el declive de Estados Unidos o de Occidente al menos.

La recuperación económica de la Unión Europea, su revolución energética, su liderazgo en el tema del Ébola, y su batalla con el Estado Islámico; aunque sea parcial ha quedado atrás el declive de la economía del antiguo continente.

Pero además los supuestos aliados de China, no están en condiciones de apoyar su liderazgo en el G-20; el presidente de Rusia, Vladimir Putin, se atoró en los principios de Naciones Unidas con la agresiva estrategia de Rusia en Ucrania y ahora Siria; la presidente de Brasil Dilma Roussef trae consigo una profunda recesión y un gigantesco escándalo de corrupción y aun cuando el presidente Narendra Modi no ha tenido problemas en el marco internacional, difícilmente está a favor de China.

De acuerdo con Brookings, China de hecho esta más enfrascada, en términos políticos de cara a Naciones Unidas cuando refuerza su postura en el mar de China del sur, lo que evidenció las debilidades del “Modelo Beijing” con el manejo que le dio al desplome de la bolsa de valores.

La desaceleración de China, principalmente del sector manufacturero, así como del consumo de las materias primas globales, ha tenido un impacto sobre todo en las economías más desarrolladas.

Estas al parecer, florecían gracias al  auge del gigante asiático, pero de hecho, China ha demostrado no ser el gigante inquebrantable, para infortunio de la mayoría de países que conservan relaciones comerciales con este.

Pese al desalentador panorama, la economía de China sigue ocupando el “segundo puesto en materia de tamaño económico, el segundo en términos de gasto en defensa, y además mantiene su hegemonía en el continente asiático, y por ende una importante voz en asuntos globales”.

De acuerdo con Brookings, China está comprometida con un crecimiento económico pacífico, mientras que acoge los aprendizajes que dejaron la segunda guerra mundial, y su líder Xi reconoce que la hegemonía militar no es una opción en los tiempos modernos, y más bien, había reforzado el ideal de “mantener relaciones entre las grandes potencias” desechando la competencia militar, por una relación de cooperación.

Lo anterior, para que en caso de que un país registre un crecimiento económico desmedido no genere temor dentro de los mandatarios sino más bien voluntad de cooperación.

De acuerdo con Brookings, la historia que cuenta Xi, es bien recibida por las Naciones Unidas, sin embargo va a ser imperativo que para que se crean las palabras del líder chino, “ se tendrá que hacer más esfuerzos que un simpe juego de palabras”.

Brookings, asegura que China tendrá que poner su estrategia junto con sus principios, empezando por la carta de las Naciones Unidas, documento fundamental del orden internacional, que contempla los principales son la prohibición de adquisición de territorio a la fuerza, no intervenir en asuntos soberanos, sin embargo; Estados Unidos ha violado estos principios en Iraq con graves consecuencias y Rusia también, con Crimea.

A su vez, China también lo ha hecho con China del Sur, con un comportamiento igual de perjudicial en el orden internacional estable, pero más sutil que por ejemplo Estados Unidos con Iraq.

Por lo tanto el liderazgo de China en el G20, con un estilo pacífico, lo obliga a modificar su estrategia en China del Sur y a su vez conmover a los otros países a hacer lo mismo, aseguró Brookings;  es la responsabilidad de China de cara al liderazgo en el G20.

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