30 de marzo de 2015

EL PODERÍO MILITAR RUSO HACE TEMER UNA GUERRA A LOS PAÍSES DEL BÁLTICO



"Occidente habla mucho de la imposibilidad de que Rusia ataque el Báltico. Pero nosotros tememos que sea eso lo que más impulse a Putin a hacer algo".

Lukas Borusevicius, estudiante de derecho, y su amigo Laurynas Juozapaitas se reúnen conmigo en un bar de Vilnius, la capital de Lituania, para discutir las relaciones con Rusia y su país después de la reintroducción del servicio militar.

La violencia en Ucrania y el miedo regional a un desbordamiento de la situación en los países vecinos de Europa del Este ha causado una fuerte conmoción en la ciudad y en el país.

Desde la separación de la Unión Soviética hace 25 años Lituania ha sido un territorio relativamente pacífico. Hasta ahora.

Rusia ha venido incrementando, de manera sostenida, los ejercicios militares cerca de las fronteras con sus vecinos del este, sin mencionar los sobrevuelos nocturnos y los ejercicios navales en el mar Báltico.

Un "manual de guerra" lituano ha sido publicado de forma precipitada. Ahora se puede conseguir en todas las librerías públicas.

"Hay que mantener la mente sana, no dejarse llevar por el pánico y no perder la claridad de la razón", explica el manual. "Los disparos afuera de la ventana no son el fin del mundo".

Los jóvenes lituanos están preocupados por lo que pasa en su país.

Lukas y Laurynas han estado ocupados en los últimos años planeando su vida profesional, pero tal vez ahora deban hacer un giro hacia la rutina militar.

"Todos mis amigos están hablando de eso, por teléfono, por Facebook. De hecho hay un nuevo sitio en internet que se llama "¿Cuándo serás reclutado?", dijo Lukas.

"Pero yo iré. Yo pienso en eso cuando escucho a alguien que me dice que no irá si la agresión ocurre. Mi abuelo luchó por la libertad. Mi padre combatió por la independencia de Lituania, así que está en mi corazón luchar por mi país", añadió.

Sin embargo, a los que están asustados les gusta más el sonido de los aviones de la OTAN vigilando los cielos de Vilnius que el sonido de la libertad.

Lo que sí es cierto es que parece improbable que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, impulse sus tanques hasta las calles de los países del Báltico en el corto plazo.

El primer ministro de Estonia, Taavi Roivas, me dijo que sería una "locura" para cualquiera que los ataque de una forma militar convencional, porque "Estonia, Letonia o Lituania son tan importantes en la OTAN como Reino Unido o EE.UU.".

Recientemente se lanzó un "manual de guerra", donde se pueden leer consejos sobre qué hacer ante un inminente conflicto.

Pero las naciones en la región del mar Báltico dijeron que ya están siendo atacadas desde Rusia de forma no convencional con actos de ciberguerra y propaganda, la mayoría de las veces transmitida por los canales de televisión que ve la minoría rusoparlante en Letonia y Lituania.

No puedo dejar de pensar que todos estamos cayendo por algún elemento de esa propaganda.
Putin está asustando a Europa con su audacia, agresión e imprevisibilidad.

Invadir y anexar los tres países bálticos podría ser costoso y muy peligroso para él, mientras que esparcir el miedo es mucho más fácil: exacerbar las divisiones entre los rusoparlantes que habitan la región y el resto de la población no supone tanto riesgo.

Y no es solamente aquí, en los límites de Europa, donde el presidente ruso se está entrometiendo.
Él nunca se ha rendido acerca de cuál debe ser el área de influencia de Rusia, a pesar del desplome de la Unión Soviética.

Putin no ve o siente como una amenaza a cada país de Europa de forma independiente, pero sí a la Unión Europea como bloque, del que algunas exrepúblicas soviéticas hacen parte ahora.

Entonces ha explotado esas grietas, esas divisiones y busca apalancar su influencia en el continente con sus exportaciones de gas y cultivando relaciones con partidos populistas de extrema izquierda y derecha -como el Partido de Libertad de Austria o el Frente Nacional que dirige Marine Le Pen en Francia- a través de fuertes inversiones rusas.

Muchos analistas dudan que el presidente ruso, Vladimir Putin, intervenga en los países del Báltico.

Y el dinero manda particularmente en países pequeños como Chipre y Eslovaquia. Putin tiene muy claro que la Unión Europea necesita el voto unánime de sus países miembro para declarar nuevas sanciones contra su país.

Pero no solo es eso. Rusia acusa a Occidente de propaganda y expansionismo. Ha dicho en reiteradas ocasiones que la OTAN ha utilizado como excusa la situación en Ucrania para instalarse más cerca de su frontera.

Los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea se reunieron en Letonia para discutir el conflicto entre Ucrania y Rusia.

Mientras tanto, el ejército ruso realizó una serie de ejercicios militares en la recién anexada Crimea así como en algunas zonas de Georgia, y la OTAN también hizo un simulacro de ejercicios de combate en el Mar Negro.

Todas estas acciones, por supuesto, no hacen sentir precisamente más cómodos y seguros a los habitantes del Báltico.



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