19 de marzo de 2015

PASOS QUE DEBE SEGUIR EL INVERSIONISTA NOVATO


En el mundo de las inversiones se debe comenzar por instrumentos conocidos y de bajo riesgo, para después evolucionar y apostar por algunos con mayor complejidad y que ofrecen rendimientos altos, como los fondos de inversión.

Invertir no es distinto a otros aspectos de la vida. Por ejemplo, cuando comenzamos a cocinar, empezamos por platos más fáciles y poco a poco, cuando nos familiarizamos con la cocina, nos informamos y comprobamos dónde centrar la atención, vamos mejorando y nos atrevemos con platos cada vez más elaborados... Sin embargo, la alta cocina está reservada para los grandes profesionales, que combinan de forma excelente sus ingredientes y hacen que el resultado final sea una experiencia inolvidable.

En el mundo de las inversiones la evolución es similar, debemos comenzar por aquellos instrumentos más básicos que conocemos bien y poco a poco, leyendo, acudiendo a seminarios y cursos… familiarizarnos con otros.

Así, un inversionista novato debería comenzar por los instrumentos de menor riesgo y a la vez más conocidos, los depósitos. Es evidente que con la actual coyuntura de tipos bajos, será necesario evolucionar y diversificar la cartera con otros productos que, si bien conllevan algo más de riesgo, permitirán rentabilidades más atractivas.

Así, el siguiente paso será dar el salto a los fondos de inversión, que con una sola participación nos ofrecen la posibilidad de acceder a una cartera diversificada. Sin embargo, dentro del universo de fondos hay diferencias significativas. Según los activos en los que invierte, podemos distinguir entre categorías como la de monetarios, renta fija, mixtos, alternativos, renta variable o materias primas, que nos ofrecerán una primera aproximación del riesgo del fondo. Pero esto no será suficiente, debemos profundizar en el análisis y elegir aquellos que presentan menores volatilidades respecto la media de su categoría y los que presentan un mejor ratio riesgo-rentabilidad.

Por ello, en este segundo paso, el inversionista tendrá un ambicioso trabajo por delante; definir el riesgo que está dispuesto a asumir, entender las diferencias y funcionamiento de los distintos fondos y elegir de forma eficiente aquella combinación que mejor se ajuste a su filosofía de inversión y sus objetivos. Dicho de otro modo, no todos los fondos sirven para todos y por tanto, será fundamental conocerse a uno mismo. En este punto debemos insistir en que si tiene dudas, busque el apoyo en un asesor.

El siguiente peldaño para es trabajar con producto directo. En primera instancia nos referimos a la renta fija, que puede completar nuestra diversificación. Sin embargo, insistimos en la necesidad del conocer el producto. Si bien es cierto que la renta fija de máxima calidad crediticia es la alternativa más parecida a un depósito, no es menos cierto que la de baja calidad conlleva importantes riesgos.

Por último, el inversionista accedería a la renta variable, que concentra el riesgo de la inversión en una compañía. Por tanto, debemos estar familiarizados y tener información actualizada sobre las empresas con el fin de poder elegir aquellas que presentan mayor potencial de revalorización en relación al riesgo.

Como puede imaginar, este nuevo punto conlleva una mayor dedicación, aprendizaje y seguimiento y por ello reservamos estos productos a los inversionista aventajados o que cuentan con el apoyo de un asesor.


Querer evitar esa evolución del aprendizaje, invirtiendo desde el principio en productos más sofisticados, con mayor riesgo y de los que no conocemos su funcionamiento, puede traer consecuencias inesperadas y mayores pérdidas de las esperadas.

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