19 de junio de 2015

ES POSIBLE QUE BRASIL REGISTRE DOS AÑOS SEGUIDOS DE CONTRACCIÓN POR PRIMERA VEZ DESDE 1931


A pesar de todas las crisis de deuda, la hiperinflación y los ciclos de auge y caída que ha sufrido la economía de Brasil en los últimos años, el país no ha registrado dos años consecutivos de contracción desde la Gran Depresión.

Sin embargo, si el cuarto trimestre de 2014 fue tan malo como creen muchos economistas y sus expectativas para este año se materializan, Brasil repetirá el trago amargo por primera vez desde 1930-31.

El lunes, economistas encuestados por el banco central en su sondeo semanal redujeron su proyección de consenso para 2015 a una caída de 0,5% del Producto Bruto Interno.

El indicador preliminar del banco central reveló este mes un descenso de 0,12% de la actividad económica en 2014.

Varios factores pesan sobre la otrora dinámica economía brasileña.

El crecimiento de China, el mayor socio comercial de Brasil, se ha desacelerado, lo que ha socavado la demanda de mineral de hierro, soya y otros commodities brasileños, y a su vez ha debilitado su moneda.

Una sequía histórica ha dejado partes de São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, sin agua potable, conforme los reservorios que abastecen muchas represas hidroeléctricas se acercan a récords mínimos. Con el fin de la temporada de lluvia a la vuelta de la esquina, los expertos prevén más cortes de luz. Economistas de Itaú, uno de los bancos más grandes de Brasil, dicen que el previsto racionamiento de agua y energía podría eliminar 0,6 puntos porcentuales del crecimiento del PIB.

Los economistas señalan que el sector de la construcción es particularmente vulnerable a raíz de la amplia investigación sobre presuntos sobornos y lavado de dinero entre la petrolera de control estatal Petrobras y sus contratistas. Las mayores firmas de construcción de Brasil se han visto envueltas en el escándalo, lo que ha puesto en peligro sus calificaciones de crédito y colocado a algunas al borde de la bancarrota.

Otros vientos en contra nacieron en los despachos de políticos y autoridades económicas que, en su esfuerzo por impulsar la economía de Brasil tras la crisis global de 2008, elevaron el gasto en programas sociales y expandieron rápidamente el crédito de consumo. Al hacerlo, alimentaron la inflación más que el crecimiento.

“Brasil está sufriendo los efectos de los diagnósticos equivocados del gobierno de la economía desde 2011”, dice Alessandra Ribeiro, una economista de la consultoría Tendencias, de São Paulo, que estima que el PIB de Brasil se contrajo 0,1% en 2014 y que se reducirá otro 1,2% este año. “Eso creó una variedad de desequilibrios como presión inflacionaria y déficits fiscales”.

Ahora, el gigante sudamericano está enfrentando la pesadilla de toda autoridad económica: alta inflación, bajo crecimiento y casi ningún margen en el presupuesto para aliviar la penuria de los brasileños de a pie. En cambio, el Ministerio de Hacienda ha elevado los impuestos relacionados al consumo y los aranceles que según los expertos golpearán con más fuerza a las clases baja y media de Brasil.

Los economistas prevén que la inflación alcanzará 7,48% este año, según el sondeo semanal, que estaría por encima del límite del banco central de 6,5% y sería la tasa de inflación anual más alta de Brasil desde 2004.

Cabe recalcar que se trata de un abismo de diferencia frente a las tasas de inflación de cuatro dígitos que golpearon a Brasil periódicamente hasta principios de los años 90. Esa altísima inflación terminó “maquillando” el verdadero desempeño de la economía debido a la forma en que se calcula el PIB, indica Alex Agostini, economista jefe de Austin Rating, en Brasil. “Hoy el riesgo de que Brasil tenga caídas consecutivas de su PIB es mayor”, afirma.

De todos modos, el banco central elevó el mes pasado la tasa de referencia Selic a 12,25%, lo que privó aún más a empresas y consumidores de crédito.

La Confederación Nacional de Industria señaló el lunes que la confianza del empresariado en el sector industrial cayó marcadamente este mes a su nivel más bajo desde 1999, cuando se creó el índice.

El escándalo de Petrobras también amenaza con socavar la influencia de la presidenta Dilma Rousseff sobre el Congreso, que será clave para aprobar el tipo de reformas de largo plazo que los economistas dicen serán necesarias para que Brasil recupere un ritmo de crecimiento más veloz.


“El resultado es que los próximos dos años probablemente no traerían mucho respiro a la atribulada economía de Brasil”, escribió Neil Shearing, de Capital Economics en un informe reciente. “Y la probabilidad de un giro una vez que acabe la actual austeridad es también mínima. La clave para revigorizar el crecimiento en Brasil recae en elevar su lamentable desempeño de productividad. Pero esto requerirá amplias reformas estructurales, que parecen poco probables”.

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