10 de noviembre de 2015

CUAL ES EL TALÓN DE AQUILES DE LAS ECONOMÍAS EMERGENTES


En 2004 la Reserva Federal empezó una senda de mayores tasas de interés que duró dos años. Entonces e incluso con la crisis, las economías emergentes pudieron escampar el vendaval. ¿Qué sería diferente esta vez y qué está en juego?

Tras la crisis financiera global de 2008-2009 quedaron lecciones importantes sobre la vulnerabilidad que supuso para las economías avanzadas el alto nivel de endeudamiento de hogares, empresas y gobiernos así como hubo satisfacción por la capacidad que tuvieron las economías emergentes para superar pronto el contagio inicial que se expandió globalmente a través de tentáculos financieros y comerciales.

Desde entonces están encendidos los monitores de organismos multilaterales, centros de investigación y pensamiento y de comités compuestos por autoridades de alto nivel para detectar la próxima crisis o advertir la gestación de nuevos riesgos que amenacen la estabilidad financiera.

Desde 2013, cuando inició el giro de la política monetaria en Estados Unidos, ha cobrado fuerza la inquietud respecto del estado de las economías emergentes para soportar los cambios en las condiciones internacionales. La literatura es amplia al señalar los riesgos que existen cuando se presenta un choque sobre las condiciones internacionales de financiación y esas condiciones están íntimamente ligadas a las decisiones de política monetaria de Estados Unidos y la forma como éstas pueden modificar la disponibilidad de la liquidez en dólares.

Lo primero que hoy se reconoce es que las condiciones de financiación externa de países emergentes son diferentes a las de 2007, especialmente porque los indicadores fundamentales, económicos y financieros se han deteriorado. Aunque es razonable cuestionar que exista una identidad que sirva a todos los países, dado que existen grandes diferencias entre unos y otros, se puede advertir como generalidad que el deterioro obedece a un mayor apalancamiento y endeudamiento, menor crecimiento potencial y menor fortaleza fiscal y/o en las cuentas externas que lo que había en 2007.

Una parte importante del mayor endeudamiento de los países emergentes es natural y hace parte del desarrollo de una mayor clase media. También “gran parte del endeudamiento externo corporativo se explica por la internacionalización de las ventas, la producción y las cadenas de suministros de las empresas de estos países” señala el Comité Internacional de Políticas y Reformas Económicas de Brookings Institute. 

Sin embargo, también es claro que la vulnerabilidad externa ha aumentado. Esto se puede observar en la posición externa neta de los países emergentes. Esto es, en los países emergentes como un todo, las obligaciones y pasivos superan por primera vez desde 2004 los activos y derechos que tienen con el resto del mundo.

Aunque dicha posición externa neta es nuevamente negativa, no alcanza a ser como en 1998 y 1999 del casi 10% del PIB. Pero inquieta que se vaya convirtiendo en negativa en el preciso momento en que está cambiando el sesgo de política monetaria en Estados Unidos.

Mayores tasas de interés en dólares suponen un dólar fuerte que encarece la deuda externa y puede generar choques sobre las condiciones financieras locales. Cuando las empresas han basado su financiación en fuentes externas y se ven obligadas a volcarse al mercado interno, afectan la disponibilidad de recursos locales, la tasa  de interés de los mismos y la posibilidad de que se puedan financiar otros agentes económicos más pequeños y riesgosos.

De los cerca de US$4 billones en bonos vigentes emitidos por el sector privado de países emergentes, solo un 20% es doméstico y cerca de un 80% es externo.

Cuando una corporación o empresa es golpeada por su alta dependencia de financiación externa, y las nuevas condiciones internacionales deterioran su balance o sus resultados, generándole problemas para cumplir sus obligaciones locales con entidades de crédito y con otras empresas, lo que su vez puede amenazar la solidez financiera de las otras empresas, se amplifica el adverso escenario externo sobre el sistema financiero local.

Este ha sido uno de los aspectos más evaluados en Colombia y cuantificados por el Banco de la República. Según el Emisor, las empresas colombianas con deuda externa que enfrentan un riesgo cambiario no suponen un problema para la estabilidad del sistema y de la economía.

En todo caso, gran parte de los inversionistas que poseen los bonos de países emergentes son extranjeros. La calibración para conocer su función de reacción ante un dólar fuerte, mayores tasas, menor liquidez, frente a países con cuenta corriente deficitaria y menor crecimiento es por ahora desconocida por ser un fenómeno relativamente novedoso.

Lo cierto es que el peligro acecha en la medida en que la escala, composición y volatilidad de los flujos externos pueden desestabilizar, no solo los mercados, sino los sistemas financieros y las economías de países emergentes. Eso es lo que está por observarse cuando en 2016 empiecen a conocerse los efectos de las decisiones de la Reserva Federal.

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