22 de noviembre de 2015

LA UNION DE SABMILLER Y ABINBEV


La unión entre SABMiller y AB InBev es histórica, no solo por los cerca de US$105.000 millones que vale el negocio, sino por el cambio en el mapa de esta industria y el papel protagónico de la familia Santo Domingo. Historia de una megamovida empresarial.

En una pequeña casa del centro de Londres, cerca del Palacio de Buckingham, se cerró el que desde ya se considera el negocio más grande que se haya realizado en el sector de consumo masivo. La casa es la sede del banco de inversión boutique Robey Warshaw, una de las firmas que asesora a SABMiller en su muy probable fusión con AB InBev. 

Allí se reunieron el lunes 12 de octubre Carlos Brito y Olivier Goudet, CEO y presidente de la junta de AB InBev, con Jan du Plessis y Guy Elliott, presidente y director adjunto de la junta de SABMiller.

Aunque las negociaciones oficiales se hacían en la única sala de juntas del banco de inversión, que tan solo tiene nueve empleados, en las demás oficinas se movía un equipos de asesores e inversionistas que daban su visto bueno o desaprobaban lo que se iba negociando. Entre ellos estaba Alejandro Santo Domingo, quien fue una ficha clave de la movida y ante quien reportaban Du Plessis y Elliott.

Las negociaciones de ese lunes comenzaron con una oferta de AB InBev de pagar 43,50 libras esterlinas por cada acción de SABMiller, la cual fue rechazada al mediodía. Al atardecer, Brito se negaba a subir el precio, pero su acompañante, el francés Goudet, fue quien se animó a aumentar su propuesta a 44 libras (US$67,62), lo que equivale a una prima de 50% del precio que tenía la acción de SABMiller el 14 de septiembre, cuando se avivaron los rumores de la compra, y lo que valora a la cervecera anglosudafricana en 68.000 millones de libras (cerca de US$105.000 millones). 

Con ese monto se logró humo blanco, pero faltaba definir el dividendo para los accionistas de SABMiller, el tamaño de las arras que pagaría AB InBev si el acuerdo se derrumbaba –que fueron pactadas en US$3.000 millones y la forma como lidiarían los obstáculos regulatorios que enfrentará esta megafusión.

Una vez logrados los acuerdos, una legión de banqueros, abogados y consultores de relaciones públicas terminaron de redactar las formalidades de la fusión y un comunicado.

Aunque el dato clave del negocio, que es el precio, ya fue pactado, están pendientes temas decisivos que tienen que ver con la forma como los mayores accionistas de SABMiller participarán en el negocio, pues tributariamente no les conviene que les paguen su parte en efectivo; les interesa recibir acciones de la nueva compañía que se forme tras la fusión.

Inicialmente se acordó que habría dos posibilidades para que los dueños de SABmiller vendan su parte: solo en efectivo o con una mezcla de efectivo y acciones de la nueva megacervecera. Quienes elijan la segunda opción recibirán por cada una de sus acciones lo siguiente: primero, 3,77 libras esterlinas en efectivo y, segundo, un paquete de acciones de la nueva compañía, con un factor de conversión de 0,483969 acciones, lo que equivaldría a 35,25 libras por cada acción intercambiada. Esto en conjunto representa un valor de 39,03 libras esterlinas por acción de SABMiller.

Estas participaciones en la nueva empresa no estarán inscritas en Bolsa y no podrán ser vendidas en los próximos cinco años. Terminado ese plazo podrán convertirse en acciones ordinarias de la nueva firma, bajo un factor de conversión de uno a uno.

Sin embargo, durante los cinco primeros años, las acciones restrictivas que recibirán los accionistas de SABMiller tendrán las mismas prerrogativas que las acciones ordinarias en cuanto a dividendos, derecho a voto y nombramiento de directivos.

Teniendo en cuenta que los Santo Domingo son dueños de 13,9% de SABMiller y que, junto con Altria (que tiene 27%), son los más interesados en ser socios de la nueva cervecera, ya se empieza a especular sobre su nueva posición en el negocio.

Dado que aún no se sabe cuántas acciones tendrá la firma que venderá 3 de cada 10 cervezas que se toman en el mundo.

Se estima que juntos, AB InBev y SABMiller serán el mayor consumidor mundial de alimentos básicos y generarán en 2016 un Ebitda de US$25.000 millones. Además, serán el número uno o dos en 24 de los 30 mayores mercados de cerveza del planeta.

“Desde la perspectiva de competencia, la operación no puede analizarse en un plano meramente mundial, sino de mercados nacionales. En varios países de América Latina (Ecuador, Perú, Colombia y Panamá) ya tienen el control del mercado y sería simplemente un cambio de manos. Pero en los principales mercados cerveceros mundiales (Estados Unidos y China) la cuota conjunta se aproxima a 60% en el primero y a 40% en el segundo, lo que haría que las autoridades antimonopolio les pongan condiciones.

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