1 de noviembre de 2015

LOS REFUGIADOS YA ENTRAN EN EUROPA HASTA POR EL POLO NORTE


El norte de Noruega, un territorio en pleno círculo polar ártico, se convierte en puerta de entrada para algunos osados.
Allí no hay vallas ni policías tan agresivos como los húngaros, pero el frío puede alcanzar los 30 grados bajo cero.

Unos 500 refugiados en su mayoría sirios entraron por la frontera Noruega en el mes de octubre

No todos los refugiados sirios recurren a las pateras para llegar a Europa. Tampoco todos quieren entrar por el sur. Hay cada vez más osados, entre las decenas de miles de refugiados sirios y de otras nacionalidades de países en conflicto han emigrado en masa a Europa, que están dispuestos al más difícil todavía: entrar en Europa por el polo norte.

La frontera noruega de Storskog, a 344 km al norte del círculo polar ártico, es uno de esos puntos fronterizos. Limita con Rusia y se encuentra a pocos kilómetros de Finlandia, un país que al igual que Noruega presenta excelentes índices de desarrollo social. Pero también tres territorios que experimentan los fríos más extremos del continente, hasta 30 grados bajo cero.

Nada de eso ha arredrado a medio millar de ciudadanos de Oriente Medio que han entrado por este punto sólo en octubre. “Al principio fueron solo unas cinco o seis personas las que llegaron desde Rusia”, ha dicho un encargado policial de la frontera.

Pero a partir de verano los intentos se multiplicaron. Nunca había visto semejante cantidad de extranjeros entrando por una de las puertas más inhóspitas, inaccesibles y gélidas fronteras del país.

Se calcula que la inmensa mayoría, alrededor de tres de cada cuatro, proceden de Siria. Les siguen los iraquíes y los afganos. El medio de transporte favorito es, sorprendentemente, la bicicleta.

¿La razón? Las leyes rusas prohíben pasar caminando por su lado de la frontera, según explica Hansen. Y si lo hacen en vehículo pueden arriesgarse a ser detenidos por tráfico de personas, en caso de que alguno de los refugiados no tenga los papeles en regla.

Esto explica que los funcionarios que trabajan en esta ciudad puedan ver cientos de bicicletas abandonadas. Ahí las dejan los inmigrantes cuando ya han cumplido su propósito de introducirse en el país.

Los albergues de la localidad están repletos. Los nuevos refugiados han tenido que ser alojados en hoteles. Según afirma el director noruego de Inmigración, están viviendo “una situación excepcional”, porque una de cada cinco entradas al país se está produciendo por esta zona.

Aunque parezca asombroso, algunos sirios creen que la ruta del Ártico resulta más segura que atravesar la hostil frontera húngara o subirse en una frágil patera.

Un profesor que fue entrevistado por el New York Times contó que había invertido 2.400 dólares en pagar un vuelo desde Beirut a Moscú, un tren a Murmansk (ciudad portuaria rusa al noroeste del país) y un coche hasta la frontera con Noruega. Es una cantidad parecida a la que cobran los “coyotes” o traficantes de personas que llevan a los refugiados, en pésimas condiciones de seguridad, de Sira a Europa a través del mar.

Algunos de los sirios que han cruzado la frontera ya estaban establecidos en Rusia, país con que el el régimen de Al Assad mantiene buenas relaciones diplomáticas. Al ver la política de brazos abiertos de los vecinos, marchan a Noruega buscando las mejores condiciones sociales que puede ofrecerles este estado nórdico.

Noruega ha aceptado las solicitudes de asilo de 8 de cada 10 refugiados, por lo que se prevé que la inmigración irá en aumento. No habrá frío que la detenga.

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